
“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.- 2 Corintios 12-9
Hay valles oscuros en los que sentimos que hemos muerto por dentro. Hay momentos en que el olvido parece más fuerte que la esperanza. Pero cuando clamamos el nombre de Jesús, algo sobrenatural sucede: Él nos hace renacer.
No importa cuán profundo haya sido el dolor o cuán lejos hayamos llegado; la luz de Dios siempre nos alcanza. Nos recuerda que no somos víctimas del pasado, sino la justicia de Dios en Cristo Jesús (Romanos 5:1). Nos hace comprender que somos vencedores, aunque el enemigo lo niegue, aunque las voces externas digan lo contrario.
La gracia de Dios no es un concepto teológico abstracto: es una fuerza viva que nos levanta cuando no queda nada. Es la mano que nos sostiene cuando nuestras fuerzas se agotan. Es el poder que actúa justo cuando reconocemos nuestra debilidad.
Quizás hoy estás luchando con el temor, con lo que otros dicen de ti, o con una circunstancia que parece no cambiar. Pero Dios te dice:
“Mi gracia te basta. No tienes que temer. No tienes que rendirte. Yo te soste
Así como David enfrentó gigantes y Pablo enfrentó prisiones, tú también puedes seguir adelante porque la gracia de Dios es suficiente.
Señor, gracias porque en mi debilidad tu poder se perfecciona. Gracias porque no me sostengo por mérito propio, sino por tu amor y fidelidad. Hoy elijo confiar, no en lo que veo ni en lo que escuchó, sino en tu gracia que me ha sostenido hasta aquí… y que me llevará hasta el final,