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«La fe en Dios: una certeza en lo invisible»

Abigail, una mujer piadosa cuya vida se relata en 1 Samuel 25. Abigail, descrita como una mujer de buen entendimiento y hermosa apariencia (vers. 3), demostró ser una mujer de gran sabiduría y fe, a pesar de estar casada con un hombre duro y de malas obras.

SABIDURÍA Y DISCERNIMIENTO DE LA MUJER PIADOSA
Enfrentándose a una situación peligrosa con David, quien estaba furioso con su esposo Nabal, Abigail demostró su sabiduría y discernimiento. Tomó la iniciativa, en lugar de ceder al miedo, y preparó un regalo para David y sus hombres (vers. 18). Esta acción refleja la enseñanza de Proverbios 14:1: “La mujer sabia edifica su casa; Mas la necia con sus manos la derriba“.

Como mujeres de fe, es esencial que busquemos la sabiduría de Dios en todas las situaciones. Santiago 1:5 nos anima a hacerlo: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, que da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”.

Por lo tanto, al confiar en Dios, podemos estar seguros de que Él nos guiará. Proverbios 2:6 nos lo recuerda: “Porque Jehová da sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia“. Sigamos, entonces, el ejemplo de Abigail y busquemos la sabiduría de Dios en nuestras vidas.

HUMILDAD Y RESPETO DE LA MUJER PIADOSA
Abigail demostró humildad y respeto al postrarse ante David y pedir misericordia cuando se encontró con él (vers. 23-24). Esta acción refleja la enseñanza de Efesios 4:2, donde se nos insta a actuar “con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor“.

Además, Filipenses 2:3 nos recuerda la importancia de valorar a los demás y tratarlos con respeto: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, cada uno estime a los demás como superiores a él mismo“.

En 1 Pedro 3:3-4, se nos dice: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios“. Este versículo nos recuerda que la verdadera belleza y valor de una mujer no se encuentran en su apariencia externa, sino en su carácter interno, marcado por la humildad y el respeto.

Por lo tanto, esforcémonos por cultivar la humildad y el respeto en nuestras vidas, siguiendo el ejemplo de Abigail.

FE Y CONFIANZA EN DIOS DE LA MUJER PIADOSA
Finalmente, Abigail demostró una gran fe y confianza en Dios. Tenía la certeza de que Dios protegería a David y le daría una casa estable (vers. 28). Esta confianza en Dios refleja la definición de fe que se nos da en Hebreos 11:1: “la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve“.

Además, se nos aconseja en Proverbios 3:5-6: “Confía en Jehová con todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas“. Este versículo nos anima a confiar plenamente en Dios y a buscar su guía en todas nuestras decisiones.

Por otro lado, Romanos 8:28 nos asegura: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados“. Este versículo nos recuerda que, incluso en medio de las dificultades, podemos tener fe en que Dios está trabajando para nuestro bien.

Por lo tanto, debemos tener fe en las promesas de Dios y confiar en que Él tiene un plan para nuestras vidas.

CONCLUSIÓN
Queridas hermanas, al igual que Abigail, podemos ser mujeres de sabiduría, humildad y fe. Aunque enfrentemos desafíos, podemos confiar en que Dios está con nosotras y buscar su guía en todas las situaciones. Que la historia de Abigail nos inspire a vivir nuestras vidas con piadosa confianza en Dios.

Fuente:
Pastora Hilda Hernández

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