Lamentaciones 3:21-24 Esto traigo a mi corazón, por esto tengo esperanza: 22 Que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; 23 son nuevas cada mañana; ¡grande es tu fidelidad! 24 El Señor es mi porción —dice mi alma— por eso en Él espero.
El libro de Lamentaciones está compuesto por 5 poemas escritos muy probablemente por el profeta Jeremías luego de la destrucción de Jerusalén por mano del rey Nabucodonosor de Babilonia. Durante muchos años el Señor había estado llamando a la nación al arrepentimiento; pero ellos habían cerrado sus oídos y su corazón hasta que fue demasiado tarde. La devastación de Jerusalén y el cautiverio Babilonico que duró 70 años, fue uno de los episodios más terribles que sufrió la nación de Israel durante toda la historia del Antiguo Testamento.
En los capítulos 1 y 2 del libro de Lamentaciones, Jeremías nos presenta su lamento desde la perspectiva de la nación; pero cuando llegamos al capítulo 3 el relato se torna personal. Dice Lamentaciones 3:1-4 Yo soy el hombre que ha visto la aflicción bajo la vara de su furor. 2 Él me ha llevado y me ha hecho andar en tinieblas y no en luz. 3 Ciertamente contra mí ha vuelto y revuelto su mano todo el día. 4 Han hecho que se consuman mi carne y mi piel, ha quebrado mis huesos. Obviamente Jeremías no se estaba refiriendo a Nabuconodosor, porque sabía que detrás de su poder había un poder infinitamente superior que estaba usándolo como la vara de castigo. Por eso dice en Lamentaciones 3:8 Aun cuando clamo y pido auxilio, Él cierra el paso a mi oración. Refiriéndose a Dios.
Luego dice en Lamentaciones 3.16-18 Ha quebrado con guijarro mis dientes, ha hecho que me revuelque en el polvo. 17 Y mi alma ha sido privada de la paz, he olvidado la felicidad. 18 Digo, pues: Ha perecido mi vigor, y mi esperanza que venía del Señor. Acá vemos lamento y tristeza; pero cuando llegamos al versículo 21 el panorama cambia completamente, dice Lamentaciones 3:21-22 Esto traigo a mi corazón, por esto tengo esperanza: 22 Que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; y uno se pregunta ¿Qué pasó? porque el cautiverio babilonico no había terminado, las circunstancias de Jeremías eran exactamente las mismas; nada había cambiado; pero Jeremías sí. Jeremías había tomado la decisión de contemplar ese panorama tan terrible a través del carácter de Dios y no de las circunstancias. En otras palabras, fue su teología lo que cambió su perspectiva de las cosas. Esto nos enseña la importancia de la buena teología, necesitamos conocer a Dios no solamente para adorarle en los tiempos de paz, sino también para seguir confiando en Él en los tiempos de tribulación. Por eso estudiaremos 4 verdades que encontramos en este texto acerca del amor, la bondad y la fidelidad de Dios.
Preguntas de aplicación:
1. En medio de los problemas ¿Buscas que tus circunstancias cambien u oras para que tu corazón sea transformado por la Palabra de Dios?
2. ¿De qué manera piensas que tu teología puede cambiar tu perspectiva de las circunstancias que te rodean?
DIOS NOS AMA CON UN AMOR QUE NUNCA TERMINA NI CAMBIA.
Lamentaciones 3:21-22 Esto traigo a mi corazón, por esto tengo esperanza: 22 Que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades. Esta palabra hebrea que se traduce aquí como “misericordias” es un término muy rico en su idioma original, porque señala hacia una clase de amor que se encuentra enraizado en el pacto que Dios hizo con Su pueblo. De hecho es difícil de traducir. Podemos decir que significa: “Lealtad al pacto o amor del pacto”.
Una definición sencilla de pacto es: «Una promesa de Dios sobre la cual Él jura». La Carta a los Hebreos nos dice, con respecto al pacto de Dios con Abraham, que no pudiendo jurar por otro mayor, Dios juró por sí mismo. Si Dios juró por sí mismo y es imposible que Dios mienta, eso debe traer a nuestro corazón un gran consuelo; porque esto significa que el amor de Dios no depende de sus emociones, sino de Su voluntad. Dios te ama porque decidió amarte desde antes de la fundación del mundo, no de manera antojadiza; pero la razón está en Él, no en tí. Por eso Pablo dice que el Señor nos escogió en Cristo por el puro afecto de Su voluntad. Tal como dice Romanos 9:15 “tendré misericordia del que yo tenga misericordia y me compareceré del que yo me compadezca”. Debemos recordar que desde antes de la fundación del mundo, Dios el Padre hizo un pacto con Dios el Hijo, le prometió un pueblo al que ahora pertenecemos tu y yo Cristo murió para salvar a Su Iglesia, es por eso que Dios nos ama.
El segundo término es “bondad“, “Que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades;” Esta es una palabra hebrea que viene de una raíz que significa: «matriz, vientre». Lo que está queriendo decir el texto es que Dios nos ama porque Él nosengendró en el vientre de sus decretos. Así como la palabra misericordia habla de lealtad y constancia, la palabra bondad habla de ternura y compasión, es decir que el amor de Dios es constante y tierno. Como afirma Juan: De tal manera amó Dios al mundo que dió a su hijo (Jn. 3:16). Dios nos ama.
Pero además de todo esto, hay una razón adicional para mantener la esperanza en medio de las circunstancias más desesperadas y es el hecho de que Dios renueva sus misericordias y sus bondades cada mañana “son nuevas cada mañana”.
Preguntas de aplicación:
1. ¿Qué provoca en ti conocer que Dios te ama lealmente porque prometió hacerlo y su amor no cambia ni termina?
II. DIOS RENUEVA SUS MISERICORDIAS CADA MAÑANA.
Las misericordias del Señor son constantes; pero son novedosas a la vez. No porque la misericordia de ayer necesitaba ser mejorada, sino porque te servía para los problemas de ayer, y necesitas la misericordia y la bondad de Dios hoy, para los problemas de hoy, como dice el salmista: Hubiera yo desmayado si no creyese en la bondad del Señor en la tierra de los vivientes (Sal. 27:13).
El amor de Dios es eterno, inmutable, se renueva cada mañana, porque las misericordias de ayer, eran para ayer, las de hoy, para hoy: No te afanes por el día de mañana, porque cada día tendrá su propio afán, basta a cada día su propio mal. (Mt. 6:34). Cada día tiene su propia cuota de problemas, lo bueno es saber que cada día tiene su cuota de la multiforme gracia de Dios. Nosotros no sabemos qué va a pasar mañana; pero lo que no va cambiar es el carácter de Dios. Tú puedes levantarte cada día seguro porque las misericordias del Señor jamás terminan. Dios te ama, es bueno y para siempre es Su misericordia. Es decir que no habrá un solo día de nuestra existencia que Él deje de cumplir Su Palabra, por eso sabemos con toda certeza que: ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa del Señor moraré por largos días (Sal. 23:6). Antes de llegar a la casa del Señor en el cielo, aquí y ahora, en este mundo caído y lleno de dificultades, el bien y la misericordia del Señor nos persiguen. Dios nos persigue para hacernos bien.
Preguntas de aplicación:
1. ¿De qué manera saber que las misericordias de Dios son constantes y novedosas te ayuda a vivir cada día?
III. DIOS ES FIEL.
Ninguna de las dos verdades anteriores serían un consuelo de no ser por la tercera enseñanza de este pasaje y es que nuestro Dios es fiel. El versículo 23 dice son nuevas cada mañana; ¡grande es tu fidelidad! Aquí hay un cambio importantísimo. Hasta este momento Jeremías ha estado hablando acerca de Dios; pero ahora le está hablando a Dios; repentinamente su teología se ha convertido en doxología (la palabra doxología significa alabanza). La teología (el estudio de Dios) lleva al corazón del verdadero creyente a adorar más a Dios y eso es lo que está pasando aquí.
Jeremías ha decidido ver las cosas a través de su teología, y en medio de su aflicción, con Jerusalén completamente destruida, ahora comienza a alabar a Dios y dice: ¡Grande es tu fidelidad!. Esta palabra significa: Firmeza, constancia, confiabilidad. Es decir que nuestro Dios es constante y fiel, cuando Él promete algo lo cumple, no solo porque Él es confiable, sino porque nada ni nadie puede impedir que lleve a cabo lo que se ha propuesto hacer. Nuestro Dios no es solo veraz, es omnisciente, nada lo toma por sorpresa, es todopoderoso y precisamente por eso Él es absolutamente confiable en todo tiempo y en toda circunstancia.
No importa lo que estés pasando, nuestro Dios es fiel cuando aflige como dice el Salmo 119:75 “Conozco, oh Señor, que tus juicios son justos y que conforme a tu fidelidad me has afligido” Dios no ha dejado de ser fiel, Él te ha afligido conforme a Su fidelidad, porque siempre tiene un propósito santo, siempre es bueno, aunque no lo entendamos. No olvidemos que Él es fiel en Su propósito de santificarnos, dice 1a de Tesalonicenses: Y el mismo Dios de paz os santifique por completo y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo, fiel es el que os llama el cual también lo hará (1 Tes. 5:23). Nosotros no somos conscientes de los cambios que se están produciendo en nuestras vidas; pero Dios está trabajando, haciéndonos cada vez más semejantes a nuestro Señor Jesucristo y algún día seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es. Fiel es que os llama el cual también lo hará (1 Tes. 5:24)
Dios completará Su obra aun si hemos caído en pecado en medio de la tentación, porque si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad. Pues Él castigó nuestro pecado en la cruz del calvario y no va castigar el mismo pecado dos veces, es por eso dice que es fiel y justo. Una cosa importante es que el perdón de Dios no es un asunto de sentimientos; acuérdate que Satanás es el acusador, él minimiza el pecado antes de que lo cometamos y lo maximiza después de que lo cometemos, nos llena de culpa; por eso es tan importante que creas que el perdón de Dios es un asunto de fe. Dios es fiel y dice que si confesamos nuestros pecados Él nos perdonará. No importa si te sientes perdonado o no, el perdón es una realidad porque Dios es fiel y justo, ya Cristo pagó por eso.
Mis hermanos, nuestro Dios es cien por ciento fiel. Es constantemente fiel, eternamente fiel, inmutablemente fiel, poderosamente fiel; es imposible que sea inconsistente, Él no puede negarse a sí mismo (2 Timoteo 2:13). Recordemos que Jesús dijo: Cielo y tierra pasarán; pero mis palabras no pasarán, es decir todo lo que está escrito en Su Palabra se va a cumplir. Por eso, cuando estés en aflicción y tribulación, cuando no tengas la menor idea de lo que Dios está haciendo, aférrate a esta verdad. Como dice Filipenses 4:19 Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Ahora no mal interpretes esas promesas, no está hablando de riquezas materiales. Dios te suplirá todo; pero a veces te hace falta hambre, te hace falta necesidad, el punto está en creer en el momento de la aflicción y confiar en Él.
Preguntas de aplicación:
1. ¿Conocer la fidelidad de Dios está llevándote a alabarlo en medio de las circunstancias? ¿Cómo estás mostrando esa alabanza en tu vida diaria?
2. ¿De qué manera ves en tu vida la fidelidad de Dios en su propósito de santificarse?
IV. DIOS ES TODO LO QUE NECESITAMOS.
Precisamente por el hecho que Dios es fiel, Él es todo lo que necesitamos. Lamentaciones 3:24 El Señor es mi porción —dice mi alma— por eso en Él espero. Jeremías parece estar pensando aquí en lo que Dios dice acerca de los levitas en el libro de Números 18:20 cuando estaban repartiendo la tierra de Canaán Dios le dice: No tendrás heredad en su tierra, ni tendrás posesión entre ellos; yo soy tu porción y tu herencia entre los hijos de Israel. La porción que le tocó a los levitas no solo era suficiente, era más que suficiente. Es lo mismo que expresa David en el Salmo 16 El Señor es la porción de mi herencia y de mi copa, tú sustentas mi suerte, las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos y es hermosa la heredad que me ha tocado (Sal. 16:5-7).
Es como si Jeremías estuviera pensando: “Los babilonios pueden destruir la ciudad de Jerusalén, incluso el templo, pero no pueden quitarme mi porción más valiosa, Dios es mi porción y eso es más que suficiente”. Esta vida es fugaz, todo se desvanece; pero nadie nos quitará nuestra porción, porque nuestra porción es Dios. Dice Pablo en Colosenses 3 Él es el Todo y en todos, Cristo es suficiente, en Él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad y Él es nuestra porción.
Esta es una verdad que sostiene nuestro corazón. Recordemos a Asaf en el Salmo 73 cuando comenzó a tener envidia de los impíos porque le parecía que estaban viviendo mejor que él. Tal como puede ocurrir cuando te comparas con otras personas, ya sea en las finanzas, en el matrimonio, el trabajo, etc, recuerda que tú tienes a Cristo y eso vale mucho más que cualquier cosa. Es lo que dijo Asaf cuando entró al templo de Dios y vio su realidad desde una perspectiva teológica: ¿A quién tengo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; más la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre (Sal.73:25-26). Esa es la porción que tenemos en Cristo y que nadie nos puede quitar. El problema es que muchas veces perdemos de vista que Dios es todo lo que necesitamos, entonces Él se vale de las aflicciones, dificultades y carencias para librarnos de nuestra idolatría y llevarnos de vuelta hacia Él. Dios quiere darnos lo mejor y Él es lo mejor, así que muchas veces Dios tiene que quitarnos un bien menor para darnos el bien mayor, que es Él.
Nuestro precioso Señor murió en la cruz para ser nuestra porción. Jerusalén fue destruida en los días del profeta Jeremías; pero no fue consumida, porque Dios había prometido que de la descendencia de Abraham iba a venir uno en quien serían benditas todas las familias de la tierra, y luego a través del profeta Miqueas, Dios prometió que ese Mesías iba a nacer en la ciudad de Belén. Así que Israel no podía ser aniquilada por amor a nosotros, porque no habría podido cumplir esa promesa. El Mesías tenía que nacer para redimirnos de nuestros pecados, por eso la muerte en la cruz es la máxima expresión del amor de Dios, de Su justicia y fidelidad. La cruz es hacia donde debes mirar, sobre todo en momentos difíciles, porque es ahí donde se ve con claridad el amor de Dios, no en tus circunstancias.
Pablo dice que nuestras vidas están escondidas en Cristo, por eso podemos apropiarnos de todas las promesas de la Biblia, que en Cristo son sí y amén (2 Corintios 1:20). Nosotros no merecemos nada, Él lo merece todo; pero si estamos en Él somos coherederos con Cristo. Todo lo que le pertenece a Cristo ahora es nuestro. Es por eso que tu esperanza y paz no dependen de las circunstancias, sino del carácter de Dios y de lo que Él ha prometido en Su Palabra.
Hermanos, en momentos de aflicción debemos recordar lo que dice Romanos 8:28 a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. El texto dice: Todas las cosas, nada está excluido por más duro que sea; pero recordemos que es conforme a un propósito: Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo (Rom. 8:29); el bien del que se habla aquí es ser como Cristo. Así que nuestro Señor está puliendo tu carácter, está trabajando contigo para hacerte cada vez más semejante a Jesús, y lo que Pablo está diciendo es que Dios ha orquestado todas las cosas que pasan en tu vida para que operen para ese bien. Dios no va a dejar Su obra a medias, Él te va a hacer como Cristo y todas las cosas que llegan a tu vida tienen ese propósito. Puedes confiar en eso porque Dios es fiel. (Romanos 15:13).
Pero si tu no tienes a Cristo, nada de todo esto es para ti, no puedes aferrarte a las promesas de Dios porque no son tuyas, ni puedes descansar en que todo lo que pasa es para tu bien. Debes saber que todas las dificultades que has pasado no son ni la sombra de la tormenta que te espera cuando te presentes en el tribunal de Dios para dar cuenta de tu vida y seas arrojado por los siglos de los siglos en el infierno eterno. Hay un juicio al final de esta vida y todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel que tenemos que dar cuentas. Dios te conoce, conoce todas tus intimidades y algún día vas a dar cuenta de todo; pero es precisamente donde viene la buena noticia del evangelio: Que Dios en Su amor envió a Su hijo a morir por nuestro pecado, para que todo aquel que en Él crea no se pierda, más tenga vida eterna. El justo murió por los injustos para llevarnos a Dios, ese que no conoció pecado, por nosotros Dios lo hizo pecado para que fuésemos hechos justicia de Dios en Él. Si te arrepientes de tu pecado y confiar únicamente en Cristo, la justicia perfecta de Jesús va a ser transferida a tu cuenta por medio de la fe y Dios te perdonará y te dará gratuitamente el don de la vida eterna en Cristo. Solo por Gracia, solo por Cristo, sólo por medio de la fe.
Preguntas de aplicación:
1. ¿Qué te está quitando Dios para que puedas estar convencido de que Él es todo lo que necesitas? ¿Cuál es tu reacción cuando Él quita estas cosas?
2. ¿En medio de la tribulación haces el esfuerzo intencional de recordar esas promesas? ¿Estás almacenando las promesas de Dios en tu mente al estudiar las Escrituras?



