La irrupción de figuras religiosas en los circuitos del espectáculo contemporáneo constituye uno de los fenómenos sociológicos más relevantes del siglo XXI en América Latina.
El caso de Marta Candela, junto con el precedente del desgaste simbólico de la hermana Wendy, permite observar en tiempo real la interacción entre dos sistemas estructuralmente distintos: el religioso y el mediático-espectacular. Este fenómeno no debe entenderse como un hecho aislado, sino como parte de una transformación más amplia en la arquitectura de la legitimidad social.
Marco teórico: la perspectiva dialéctico-sistémica
Desde la teoría dialéctico-sistémica, todo sistema social busca preservar su continuidad, pero también interactúa con otros para ampliar su influencia.
Peter Berger señaló que la religión funciona como un sistema de construcción de significado, mientras que los medios operan como sistemas de construcción de visibilidad. Cuando ambos convergen en torno a una figura, se produce un intercambio simbólico: la religión gana visibilidad y el espectáculo adquiere significado. Sin embargo, esta relación es asimétrica, pues el sistema mediático se caracteriza por su rapidez, su bajo compromiso institucional y su alta capacidad de reemplazo.
Dinámica del sistema religioso
La incorporación de figuras religiosas al circuito mediático genera, al mismo tiempo, expansión y erosión. Expansión, porque el mensaje penetra en territorios culturales antes inaccesibles. Erosión, porque los mecanismos tradicionales de legitimidad formación, comunidad y proceso, comienzan a competir con un nuevo criterio: la validación mediática. Esto redefine la percepción de la autoridad religiosa.
Dinámica del sistema del espectáculo
El espectáculo no se convierte al mensaje religioso; lo incorpora como contenido. La figura se transforma en símbolo circulante, valorada no por su profundidad, sino por su capacidad de generar atención. El desgaste simbólico de la hermana Wendy ilustra esta lógica: no fue un fracaso espiritual, sino una transición funcional dentro de un sistema que opera por ciclos de renovación constante. El caso Marta debe reconocerse como sociológicamente significativo y valiente. Su incursión en espacios dominados por la estética del espectáculo representa una penetración simbólica que la iglesia institucional no había logrado plenamente. Sin embargo, esta incursión ocurre en una estructura que amplifica sin preservar, generando una vulnerabilidad estructural para la figura. El principio de erosión diferencial no. afecta a todos los componentes por igual. El sistema mediático se fortalece con cada ciclo, pues su función es producir y reemplazar fenómenos.
La figura individual enfrenta desgaste simbólico, mientras que el sistema religioso corre el riesgo de transformar gradualmente sus mecanismos de legitimidad.
Conclusión
Estamos ante una transición histórica: la religión ya no opera exclusivamente en sus instituciones, sino también en sistemas externos con lógicas distintas. El caso representa, a la vez, expansión y riesgo. Expansión, porque nuevos territorios culturales han sido alcanzados. Riesgo, porque el sistema que amplifica no es el mismo que forma. El futuro dependerá menos de la visibilidad lograda y más de la capacidad del sistema religioso para conservar su estructura, profundidad y autonomía dentro de esta nueva ecología mediática,
Nota. Este análisis se publica como aporte al discernimiento sobre los desafíos contemporáneos entre fe, cultura y medios.