El estrecho de Ormuz, ubicado entre Irán y Omán, es uno de los puntos más estratégicos del planeta. Por allí transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial. Su cierre tendría un efecto inmediato: la economía global se vería sacudida y los precios del combustible se dispararon en cuestión de horas, incluso en lugares tan distantes como la República Dominicana.
Sin embargo, la geopolítica revela un matiz paradójico: cerrar Ormuz sería un bumerán. No solo afectaría a Occidente, sino también a potencias como China, India y Japón, que dependen de ese mismo flujo energético. En última instancia, el propio Irán sufriría las consecuencias, como quien corta la electricidad del edificio para dar una lección… y descubre que su propio refrigerador está lleno de carne.
La Biblia no menciona a Ormuz por nombre, pero sí a Persia, el territorio que hoy corresponde a Irán. En la visión de Ezequiel sobre la guerra de Gog y Magog, Persia aparece como uno de los actores del conflicto escatológico:
“Persia, Cus y Fut con ellos; todos ellos con escudo y yelmo” (Ezequiel 38:5, RV60).
Este pasaje sitúa a Irán dentro de un escenario profético donde las naciones se alinean en un choque final contra el pueblo de Dios.
El apóstol Pablo introduce una clave hermenéutica que amplía la visión de los profetas:
“Porque no todos los que descienden de Israel son israelitas” (Romanos 9:6, RV60).
Aquí se revela que el Israel de la fe no se limita a la descendencia étnica, sino que incluye a judíos y gentiles unidos en Cristo. Este pueblo espiritual es el que aparece en el horizonte del gran conflicto final.
El Apocalipsis describe la victoria definitiva del Mesías sobre las fuerzas que se levantan contra el pueblo de Dios:
“Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Apocalipsis 19:16, RV60).
En medio de las tensiones globales, la fe cristiana recuerda que la historia no avanza al azar. Los imperios cambian, las alianzas se transforman y las crisis sacuden a las naciones, pero la Escritura afirma que el trono de Dios permanece firme.
Por encima de la geopolítica, de los conflictos energéticos y de las tensiones entre potencias, la historia sigue estando en manos de Aquel que gobierna sobre reyes y naciones.
Sobre el autor
El Dr. Rodrigo Díaz Bermúdez es pastor de la Iglesia Metodista, de nacionalidad costarricense. Es profesor en la Universidad Nacional Evangélica y mantiene vínculos con la República Dominicana a través de su familia y su labor académica y ministerial.


