La cruz no fue una derrota, fue la mayor expresión del amor divino. Allí Jesucristo cargó con el peso del pecado del mundo para abrir un camino de salvación.
Por eso, cuando se aproxima Semana Santa, recordamos que el sacrificio de Cristo nos enseñó que el amor verdadero siempre se entrega por los demás.
«Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero.»
Primera Epístola de Pedro 2:24

