
El mensaje del Reino no comienza afuera, comienza dentro. Empieza a evolucionar primero en nuestros corazones, luego se refleja en nuestras vidas, y finalmente impacta nuestras congregaciones.
Sin embargo, debemos reconocer que aún hay áreas de tinieblas en nuestra mente: pensamientos, actitudes y estructuras que no han sido completamente alineadas con la verdad del Reino. Y mientras esto no sea confrontado, el Reino no puede manifestarse en su plenitud.
Por eso, más que señalar lo externo, deberíamos hacernos una pregunta honesta y profunda:
¿Cómo está operando el Reino en nuestras congregaciones?
No se trata solo de actividades, programas o crecimiento visible. Se trata de gobierno espiritual, de justicia, de verdad, de transformación real en los corazones.
El Reino que Comienza en Nosotros
El mensaje del Reino no comienza afuera, comienza dentro. Empieza a evolucionar primero en nuestros corazones, luego se refleja en nuestras vidas, y finalmente impacta nuestras congregaciones.
Sin embargo, debemos reconocer que aún hay áreas de tinieblas en nuestra mente: pensamientos, actitudes y estructuras que no han sido completamente alineadas con la verdad del Reino. Y mientras esto no sea confrontado, el Reino no puede manifestarse en su plenitud.
Por eso, más que señalar lo externo, deberíamos hacernos una pregunta honesta y profunda:
¿Cómo está operando el Reino en nuestras congregaciones?
No se trata solo de actividades, programas o crecimiento visible. Se trata de gobierno espiritual, de justicia, de verdad, de transformación real en los corazones.
Un comentario apostólico que estuve viendo a través de las plataformas digitales, nos invita a reflexionar:
El Reino no se establece por declaración, sino por evidencia. Donde el Reino gobierna, hay cambio, hay luz, hay orden divino.
Es tiempo de volver al interior, de permitir que el Reino nos transforme primero a nosotros, para que entonces pueda fluir con autoridad en medio de su puebloEl Reino que Comienza en Nosotros
El mensaje del Reino no comienza afuera, comienza dentro. Empieza a evolucionar primero en nuestros corazones, luego se refleja en nuestras vidas, y finalmente impacta nuestras congregaciones.
Sin embargo, debemos reconocer que aún hay áreas de tinieblas en nuestra mente: pensamientos, actitudes y estructuras que no han sido completamente alineadas con la verdad del Reino. Y mientras esto no sea confrontado, el Reino no puede manifestarse en su plenitud.
Por eso, más que señalar lo externo, deberíamos hacernos una pregunta honesta y profunda:
¿Cómo está operando el Reino en nuestras congregaciones?
No se trata solo de actividades, programas o crecimiento visible. Se trata de gobierno espiritual, de justicia, de verdad, de transformación real en los corazones.
Un comentario apostólico nos invita a reflexionar:
El Reino no se establece por declaración, sino por evidencia. Donde el Reino gobierna, hay cambio, hay luz, hay orden divino.
Es tiempo de volver al interior, de permitir que el Reino nos transforme primero a nosotros, para que entonces pueda fluir con autoridad en medio de su pueblo



