
El llamado al arrepentimiento que hacen los Pastores John MacArthur y Miguel Núñez en su plataforma digital, se centra en una verdad fundamental. La iglesia misma necesita arrepentirse antes de esperar que las naciones lo hagan. Esta idea está arraigada en 1 Pedro 4:17, donde se nos recuerda que el juicio de Dios comienza con Su pueblo, lo que implica que antes de buscar una transformación en el mundo exterior, la iglesia debe examinarse a sí misma.
Reflexión para un llamado al arrepentimiento:
El pueblo de Dios está llamado a ser la luz del mundo y la sal de la tierra. Sin embargo, para poder reflejar esa luz y ser el ejemplo que el mundo necesita, debemos empezar por reconocer nuestras propias fallas y pecados como iglesia. Es fácil señalar los errores y la decadencia de las naciones, pero ¿cómo está nuestra relación con Dios?. ¿Nos hemos alejado de la santidad que Él nos pide?
El llamado de estos pastores es a un arrepentimiento genuino:Examinar el corazón: Reflexionar si hemos dejado de buscar a Dios con todo nuestro ser, si hemos permitido que el pecado y la mundanalidad entren en nuestras vidas. Reconocer la necesidad de purificación. Entender que el juicio comienza por la casa de Dios (1 Pedro 4:17). Esto significa que nosotros, como iglesia, debemos ser los primeros en mostrar humildad, arrepentimiento y una transformación genuina. Arrepentirnos de nuestro orgullo y falta de amor: A veces, en nuestro afán por defender la fe, podemos caer en el legalismo, la frialdad espiritual o incluso en actitudes de juicio hacia los demás, olvidando que todos estamos necesitados de la gracia de Dios. Renovar nuestro compromiso con el evangelio. Vivir de manera que nuestra vida sea un testimonio vivo de la obra de Cristo en nosotros, llevando esperanza y verdad al mundo a través de una fe auténtica y un corazón arrepentido.
El arrepentimiento de la iglesia es el primer paso hacia un despertar espiritual global, porque una iglesia arrepentida es una iglesia poderosa, llena del Espíritu Santo y lista para llevar la luz de Cristo a las naciones. Como iglesia, este es el momento de volver a Dios con un corazón sincero, pidiendo que Su juicio y gracia nos limpien y nos renueven para que podamos ser los agentes de cambio que el mundo necesita.