
El que invita a Cristo a su vida se abre a una transformación completa. En Su presencia llega la esperanza, la paz, el gozo, la tranquilidad, el descanso y, sobre todo, la vida eterna.
Zaqueo no solo vio a Jesús pasar; respondió al llamado. Cuando el Señor lo miró y le dijo que debía quedarse en su casa, aquel encuentro cambió su historia. La visita de Jesús no fue superficial: tocó su corazón, ordenó sus prioridades y produjo frutos visibles de arrepentimiento y restauración. (Lucas 19:5–9)
Jesús declara: “Hoy ha venido la salvación a esta casa”. La salvación no fue solo una promesa futura; comenzó ese mismo día, con una vida renovada y un corazón dispuesto.
Así ocurre con todo el que abre la puerta a Cristo. Cuando Él entra, nada queda igual. La gracia transforma, el amor sana y la verdad libera.
“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”
Evangelio de Lucas 19-10.



