
Dios, en Su misericordia y justicia, ha permitido a lo largo de la historia que Su pueblo experimente pérdida, silencio y sacudida, no como castigo final, sino como llamado urgente al arrepentimiento. Así ocurrió con Israel, cuando la gloria visible fue retirada para provocar un anhelo por la gloria real, aquella que no se sostiene por rituales ni apariencias, sino por una relación viva con Dios.
“Y ella llamó al niño Icabod, diciendo: Traspasada es la gloria de Israel”
1 Samuel 4-21
Hoy, ese mismo llamado resuena con fuerza. Es tiempo de volvernos a Dios de una manera nueva y sincera.
En el espíritu se mostraba una multitud de personas, de distintas clases sociales, clamando en las calles:
“Señor, queremos arrepentimiento”.
Lloraban, angustiados, sin lugar por donde escapar. Y la revelación era clara. no ha habido temor ni reverencia a Dios.
“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová”
Proverbios 9-10
Hemos sustituido el temor de Dios por la confianza en el dinero, el sistema y la autosuficiencia. Muchos han puesto su seguridad en lo material, sin comprender que cuando el dinero ocupa el lugar de Dios, se convierte en un ídolo que esclaviza el alma.
“Porque raíz de todos los males es el amor al dinero”
1 Timoteo 6:10
Dios ha alertado una y otra vez, pero no hemos hecho caso. Hemos escuchado mensajes, pero no hemos respondido con obediencia. Hemos conocido la verdad, pero no la hemos vivido.
“Si oyereis hoy Su voz, no endurezcáis vuestros corazones”
Hebreos 3-15
Al despertar, el clamor se convirtió en oración por los perdidos, por aquellos que han reducido su fe a conveniencia y su esperanza a lo económico, sin discernir que ninguna riqueza puede salvar el alma.
¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma?
Marcos 8-36
Hoy el llamado no es a aparentar espiritualidad, sino a volver al temor de Dios, a rendir el corazón, a buscar Su presencia y no Sus beneficios.
La gloria verdadera no se compra, no se exhibe y no se negocia; permanece donde hay arrepentimiento genuino.
“Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos”
Joel 2-13)
Cuando la gloria visible se retira, Dios aún está llamando; pero solo el corazón quebrantado puede volver a habitar Su gloria eterna.