
Hoy nuestra nación celebra un día feriado, sin embargo, desde la fe cristiana entendemos que espiritualmente sigue siendo un día plenamente activo. No todos los descansos del calendario coinciden con los tiempos del espíritu, y es precisamente en esos momentos cuando la reflexión se vuelve necesaria.
Como creyentes, afirmamos que nuestra adoración pertenece únicamente a Dios, el Creador del cielo y de la tierra. La Escritura nos enseña que el Padre busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad (Juan 4:23–24). Jesús mismo fue claro al declarar: “Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás” (Mateo 4:10).
Respetamos las expresiones culturales y las tradiciones que forman parte de la historia de los pueblos. No obstante, la fe cristiana encuentra su centro y su sentido en Jesucristo. Él es quien entregó su vida para darnos salvación y vida eterna, y es reconocido en las Escrituras como el Rey de reyes y Señor de señores, digno de toda honra y alabanza (Apocalipsis 5:12).
Este tiempo nos invita a una reflexión personal y sincera: ¿dónde está puesta nuestra devoción?
La Biblia afirma que solo en Cristo encontramos el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6), y que Él es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5).
Más allá de fechas y costumbres, la fe cristiana nos recuerda que el propósito eterno es glorificar a Dios en todo. Con gratitud y reverencia, exaltamos al que vive por los siglos de los siglos.
A Él sea la gloria, el honor y el poder para siempre.
Gloria a Dios.
La verdad no compite con las tradiciones; permanece firme en Cristo.