
Jesús tuvo compasión.
Para los hebreos, la compasión nace desde lo más profundo del ser, allí donde brotan las tiernas misericordias, el afecto sincero, la piedad y la identificación con el dolor ajeno.
Cuando Jesús vio a la multitud, Su compasión no fue indiferente ni distante. Desde Sus entrañas se levantó misericordia viva, y esa compasión lo llevó a tocar, a sanar y a suplir la necesidad humana.
Jesús no fue ajeno al sufrimiento. Su piedad se manifestó en acción. Donde había enfermedad, Él llevó sanidad; donde había dolor, Él llevó restauración.
“Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que estaban enfermos.”
Evangelio de Mateo 14-14
Hoy esa misma compasión sigue fluyendo.
Jesús aún mira, aún se conmueve y aún sana.
Si Él tuvo compasión… tu historia no termina en dolor