Movidos por la compasión cristiana y el compromiso con la dignidad humana, iniciamos un acompañamiento integral a tres niños y adolescentes, creyendo que el amor de Cristo se expresa también en acciones concretas.
Realizamos visitas al Distrito Escolar en busca de alternativas para su inscripción, pero en un primer momento no fue posible lograr su ingreso. Sin embargo, cuando la iglesia camina en obediencia, Dios siempre abre caminos donde parece no haberlos.
Días después, recibimos una llamada inesperada del Distrito Escolar de Los Alcarrizos, informándonos que, ante la situación presentada, se había activado un proyecto especial. Nos solicitaron presentarnos junto a los tres niños y adolescentes, y hoy, con profundo gozo y gratitud, podemos anunciar que los tres han sido oficialmente inscritos en la escuela.
Además, hemos iniciado las diligencias legales necesarias para su declaración civil, incluyendo un caso particularmente delicado en el que no existía constancia de haber nacido vivo. Cada paso ha sido asumido con responsabilidad, sensibilidad y fe, entendiendo que restaurar la dignidad también implica garantizar identidad y derechos.

Como parte del acompañamiento integral, suplimos cuadernos, mochilas, zapatos y uniformes escolares, reafirmando nuestra convicción de que la formación debe ser completa: espiritual, emocional, educativa, social y legal.
Damos gloria a Dios porque cuando la iglesia se mueve con compasión, la gracia del Señor se manifiesta y abre puertas que parecían cerradas. Este testimonio nos recuerda que la Misión Integral no es teoría, es vida transformada; que evangelizar también es restaurar dignidades, abrir oportunidades y defender la esperanza.
Seguimos creyendo que una comunidad puede ser transformada cuando la iglesia decide ser luz, sal y manos de Cristo.
A Él sea toda la gloria.




