{"id":9146,"date":"2018-08-01T02:50:33","date_gmt":"2018-08-01T02:50:33","guid":{"rendered":"http:\/\/tabernaculoprensadedios.com\/web\/?p=9146"},"modified":"2018-08-01T02:50:33","modified_gmt":"2018-08-01T02:50:33","slug":"como-llega-el-hombre-a-cristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tabernaculoprensadedios.com\/web\/como-llega-el-hombre-a-cristo\/","title":{"rendered":"C\u00f3mo llega el hombre a Cristo"},"content":{"rendered":"<p>Seg\u00fan la espiritualidad peculiar de cada pensador ser\u00e1 diferente el cuadro que \u00e9l se forme del hombre y de su relaci\u00f3n con Dios. Sin embargo, todos los fil\u00f3sofos y te\u00f3logos cristianos coinciden en algo inconcuso: en que la naturaleza humana tiene por su mismo ser una relaci\u00f3n trascendental con Dios. Pues bien, en Cristo \u00abhabita toda la plenitud de la Divinidad corporalmente\u00bb (Col. 2, 9). En Cristo tenemos a Dios; por lo tanto, predicar a Cristo es la misi\u00f3n m\u00e1s elevada y de mayor responsabilidad que tiene la Iglesia. La predicaci\u00f3n debe partir siempre de este punto y volver siempre al mismo; de lo contrario, se le quita el alma. El cristianismo no consiste en confesar los doce art\u00edculos de la fe y observar los diez mandamientos de Dios; ello ser\u00eda una mera relaci\u00f3n legalista, al estilo del Antiguo Testamento.<\/p>\n<p>El cristianismo no es ley, sino gracia y amor: es la buena nueva referente al amor del Padre celestial, amor que se nos ha revelado en Cristo. Cristo es el \u00abs\u00ed\u00bb redentor que Dios nos dirige. S\u00f3lo somos \u00abhombres\u00bb en el sentido elevado de la palabra, seg\u00fan la mente de Dios, hombres nuevos, si somos cristianos. As\u00ed pues, nos acosa esta cuesti\u00f3n c\u00f3mo llega el hombre a Cristo.<\/p>\n<p>Cristo no se nos presenta como una figura hist\u00f3rica solitaria. No es solamente por documentos muertos como nos llegan noticias de \u00c9l. Ordinariamente nos enteramos de los personajes hist\u00f3ricos por v\u00eda literaria; pero Cristo se presenta como el Cristo de la plenitud, como causa primera creadora, como fuente siempre fecunda de un ingente r\u00edo de vida que de \u00c9l se desparram\u00f3 sobre la humanidad, y satura y fecunda de continuo a millones de hombres, y los une en una sola comunidad de fe y de amor; hace de ellos un solo cuerpo, su cuerpo. Tampoco tenemos noticias de \u00c9l por v\u00eda puramente cient\u00edfica, s\u00f3lo por medio de libros y escritos. Sus noticias nos llegan por el camino de la fe. Tambi\u00e9n los Evangelios son en primer t\u00e9rmino libros de la fe, escritos ya con la impresi\u00f3n de aquella poderosa viviencia de la realidad de Cristo que infundi\u00f3 vida a la comunidad primitiva. Al leerlos, vemos a Cristo, no en un fr\u00edo ambiente hist\u00f3rico, sino en la c\u00e1lida atm\u00f3sfera de la fe y del amor, irradiada por el Resucitado y que llenaba a la naciente Iglesia.<\/p>\n<p>Ni puede ser de otra manera, Porque Cristo, sea cual fuere la postura que se adopte respecto de \u00c9l, es un \u00abfen\u00f3menon\u00bb religioso de primer orden. Y en cuanto surge lo religioso, interesa no solamente al pensar cr\u00edtico, sino a todo el hombre, tambi\u00e9n a su querer \u00e9tico, a su sentir y, sobre todo, al \u201cfondo del alma\u201d (scintilla animae), a lo m\u00e1s hondo y exquisito que hay en nosotros y que, al experimentar nuestra condici\u00f3n de simples criaturas, nuestra dependencia e inconsistencia ilimitadas, se lanza en busca de lo absoluto, de lo santo, para abrazarlo; interesa a ese sentido \u00abnuminoso\u00bb que hay en nosotros, del que dijeron tantas y tan hermosas cosas los antiguos Padres y que nos hace aptos (potentia oboedientialis) para escuchar el llamamiento de Dios. Si el \u00abfen\u00f3menon\u00bb religioso que se presenta ante nosotros es aut\u00e9ntico, su influencia tendr\u00e1 arrestos creadores y enardecer\u00e1. Liberar\u00e1 y encauzar\u00e1 nuestra predisposici\u00f3n para lo divino. Crear\u00e1 una comuni\u00f3n de fe y de amor. De ah\u00ed que frente a un hecho verdaderamente religioso no pueda haber una actitud indiferente, un fr\u00edo y racional registrar el mismo. Frente a \u00e9l no puede haber sino un \u00abs\u00ed\u00bb o un \u00abno\u00bb claros pronunciados por el hombre; fe o incredulidad. Y nunca nos encontraremos solos frente a tal fen\u00f3meno, sino siempre dentro de una comuni\u00f3n de fe o en el bando de la incredulidad.<\/p>\n<p>Partiendo de estos principios, se comprende de antemano que solamente en la comuni\u00f3n de fe podemos encontrar a Cristo. Y solamente en la fe podemos abrazarle.<\/p>\n<p>De modo que al querer conducir los hombres \u00e1 Cristo, nunca hemos de hablarles como cr\u00edticos o fil\u00f3sofos, ni tampoco como simples te\u00f3logos, sino como personas pose\u00eddas de una fe viva en Cristo, ba\u00f1adas en la poderosa corriente de vivencias que, partiendo del Se\u00f1or glorificado, inunda a la Iglesia y sigue manando y fecund\u00e1ndonos en el culto religioso, sobre todo en los sacramentos. No como eruditos, sino s\u00f3lo como \u201chombres llenos de esp\u00edritu\u201d, que sintieron el toque del Esp\u00edritu de Cristo, como \u201cpredestinados de Dios para testigos\u201d \u2014seg\u00fan se llamaron a s\u00ed mismos los Ap\u00f3stoles (Act. 10, 41) \u2014, como \u00abdispensadores de los misterios de Dios\u00bb (1 Cor. 4, 1) podemos y nos es l\u00edcito dar testimonio de Cristo. Solamente el esp\u00edritu puede dar testimonio del esp\u00edritu. S\u00f3lo podremos hablar de Cristo si antes hemos hablado con \u00c9l. El procedimiento \u00abcient\u00edfico\u00bb puramente racional, que prescinde conscientemente de la fe viva, o por lo menos hace como si prescindiera de ella, ha convertido a muy pocos, y, en cambio, hizo esc\u00e9pticos y ateos a muchos.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hemos de decir a los hombres al querer conducirlos a Cristo? \u00bfCu\u00e1l es el objeto m\u00e1s pr\u00f3ximo, inmediato de nuestro mensaje referente a Jes\u00fas? No puede ser otro sino Jes\u00fas mismo, \u2018su misterio sobrenatural, la verdad de que \u00c9l es el Logos humanado, Dios y hombre a la vez.<\/p>\n<p>La experiencia misma nos ense\u00f1a que muchos cristianos, y hasta muchos cristianos piadosos, afirman llenos de fe el dogma de la divinidad y humanidad de Cristo, confiesan las dos naturalezas de Jes\u00fas, pero en su piedad pr\u00e1ctica se forman una imagen de \u00c9l en que lo humano queda completamente absorbido por lo divino, en que la humanidad de Jes\u00fas aparece tan s\u00f3lo a modo de forma exterior, como envoltorio visible de lo \u00edntimo y esencial: su divinidad. El que piensa, el que quiere y siente en Cristo es, seg\u00fan esta concepci\u00f3n, \u00fanicamente el Verbo divino.<\/p>\n<p>Su omnisciencia, su omnipotencia divina es la que se manifiesta de un modo inmediato en las palabras y obras de Jes\u00fas. Ya no se recuerda que Cristo, seg\u00fan el dogma de la Iglesia, es plenamente hombre; que tiene un alma humana, una conciencia humana; que posee por completo la libertad humana de decisi\u00f3n y una vida sentimental puramente humana; que el temor de Dios llega tambi\u00e9n a las profundidades de su alma, y que su conciencia, como la nuestra, se siente impulsada a clamar desde lo m\u00e1s profundo al Padre. En su Vida de Jes\u00fas, Fran\u00e7ois Mauriac reprocha a ciertos te\u00f3logos el presentar una imagen de Cristo en la que \u00abel hombre, este Jes\u00fas\u2026 corre peligro de desaparecer en la gloria de la segunda Persona\u2019 divina (Pr\u00f3logo). Y el erudito jesu\u00edta Galtier cita con aprobaci\u00f3n lo que afirma el can\u00f3nigo Masur en su obra Le sacrifice du chef (p\u00e1gina 130): \u00abEl monofitismo, es decir, la doctrina seg\u00fan la cual Cristo es verdadero Dios pero no tambi\u00e9n hombre verdadero, es tentaci\u00f3n de personas piadosas, pero ignorantes.\u00bb Masur habla de un \u00abmicrobio sutil\u00bb que \u00abest\u00e1 muy extendido entre los fieles, pero que es dif\u00edcil de descubrir y combatir\u00bb. No es maravilla si el mundo no cristiano cree que esta imagen de Cristo, propia de muchos fieles, es la \u00fanica propuesta por la Iglesia. Para nosotros, cat\u00f3licos, Cristo no es un milagro divino ambulante por la tierra, no es un Dios disfrazado bajo figura humana, a la manera de las concepciones paganas, y que \u00abya de antemano lo sabe todo, todo lo tiene en la mano y que, por tanto, con facilidad puede triunfar del pecado, del dolor y de la muerte\u00bb. Es plenamente hombre, como nosotros. Su vida, su conducta, su piedad no se distinguen de nuestra vida y de nues\u00adtra piedad sino en un solo punto \u2014inmensamente importante y peculiar, como es natural\u2014, en que Cristo sab\u00eda que \u00c9l era Hijo de Dios no como nosotros, en un sentido impropio (accidental), sino en sentido propio (substancial). Es un m\u00e9rito singular del sagaz franciscano Duns Escoto el haber llamado la atenci\u00f3n, a la luz de la doctrina de la Iglesia, sobre la igualdad esencial que hay entre las vivencias de los cristianos en general y las vivencias de Cristo. La relaci\u00f3n entre lo sobrenatural y la naturaleza, entre la gracia y la libertad no ha sido substancialmente diferente en Cristo que en el cristiano. As\u00ed como la gracia santificante no coh\u00edbe ni violenta la libre voluntad del cristiano levantado al orden sobrenatural, as\u00ed tampoco coh\u00edbe ni violenta la capacidad de libre decisi\u00f3n en la humanidad de Jesucristo. No hemos de pensar que la segunda Persona de la Sant\u00edsima Trinidad irradiara fuerzas divinas al alma humana de Cristo y les asegurara un predominio absoluto. Nunca es una sola de las Personas divinas la que obra exteriormente (ad extra), sino que siempre lo hace la \u00fanica y misma naturaleza divina, el Dios uno. Y Dios nunca obra ad extra con necesidad, sino siempre con libertad.<\/p>\n<p>As\u00ed, no fue la segunda Persona divina, sino la libre voluntad del Dios Trino, la que levant\u00f3 la naturaleza humana de Jes\u00fas a la personalidad, a la sub\u00adsistencia del Verbo divino, la que obr\u00f3 la Encarnaci\u00f3n. Y fue esta misma voluntad, esta voluntad libre, la que dot\u00f3 a la humanidad del Se\u00f1or, unida con el Verbo divino, de las fuerzas y excepcionales cualidades sobrenaturales que necesitaba para redimir a los hombres. Es \u00abel Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob\u00bb el que \u00abha glorificado a su Hijo Jes\u00fas\u00bb (Act. 3, 13). Es el Dios vivo el que ha autorizado \u00aba Jes\u00fas de Nazaret\u2026 con milagros, maravillas y prodigios\u00bb (2, 22). Y el que la humanidad de Jes\u00fas reaccionara asintiendo a estas influencias divinas no ocurr\u00eda por una ri\u00adgurosa necesidad, como si el querer humano se sintiera subyugado por el querer divino, sino con plena conciencia de la propia capacidad de decisi\u00f3n y con toda libertad. De modo que la vida y las vi\u00advencias sobrenaturales de Cristo no ten\u00edan distinta estructura que la vida de gracia del cristiano. En ambos casos todas las gracias y todos los dones proceden de la libre decisi\u00f3n del Dios Trino; en ambos casos influyen en la voluntad humana, sin obligarla. Ciertamente las cualidades excepcionales de la humanidad sant\u00edsima de Cristo son incomparablemente m\u00e1s elevadas y amplias de lo que pueden ser las gracias y los dones otorgados a un puro hombre. Por tanto, la vida sobrenatural de Cristo se distin\u00adgue de la de los cristianos seg\u00fan la amplitud, la intensidad y la perfecci\u00f3n, mas no seg\u00fan su esencia. Por esto con justo t\u00edtulo llama Galtier (lug. cit.) a la vida de gracia del cristiano \u00abprolongaci\u00f3n y con\u00adtinuaci\u00f3n\u00bb de la vida de gracia de Cristo. Y por esto San Agust\u00edn repite con singular complacencia esta frase: \u00abVivimos la vida de Cristo.\u00bb<\/p>\n<p>Siendo as\u00ed que la uni\u00f3n de la naturaleza humana con el Verbo divino y las gracias y dones de la humanidad del Se\u00f1or derivados de aquella uni\u00f3n son estrictamente sobrenaturales, por lo tanto trascendentes e invisibles, y solamente asequibles a la fe, lo que se nos muestra en el plano hist\u00f3rico es Jes\u00fas hombre, Jes\u00fas en su figura terrena, con su temperamento individual, con sus peculiares disposiciones y fuerzas, afanes y necesidades. Es realmente \u00abcomo uno de entre nosotros\u00bb, nuestro Hermano. Solamente hasta este punto es asequible Jes\u00fas a nuestra mirada hist\u00f3rica y a nuestro conocimiento cient\u00edfico. \u2014El que este Hermano nuestro en lo m\u00e1s profundo e \u00edntimo tenga adem\u00e1s un car\u00e1cter divino, lo sabemos s\u00f3lo por la fe. Porque se trata de una realidad invisible, sobrenatural. Naturalmente, es una realidad que por el \u00abtransparente\u00bb de su naturaleza humana se nos revela con evidencia. Precisamente a trav\u00e9s de lo humano brilla la majestad divina, la \u00abmaiestas Domini\u00bb: \u00abper visibilia ad invisibilia\u00bb, por lo visible a lo invisible. Por Jes\u00fas hombre, te diriges a Cristo Dios (San Agust\u00edn). De ah\u00ed que nuestra fe no sea fe ciega, sino fe sabedora o, m\u00e1s bien, una fe que sabe a qui\u00e9n cree.<\/p>\n<p>Precisamente por esto no nos conducir\u00e1 a Cristo ese procedimiento apolog\u00e9tico que solamente se preocupa de probar la divinidad de Jes\u00fas. Cristo no es s\u00f3lo Dios, sino que es Hombre-Dios. No hemos de separar de lo humano lo divino y hacerlo en este aislamiento objeto de nuestras especulaciones. Antes bien, hemos de tener siempre ante la vista al Cris\u00adto total, al Cristo vivo, tal como dibuj\u00f3 San Pablo \u00abante los ojos\u00bb (Gal. 3, 1) de los g\u00e1latas al Crucificado, al Cristo total as\u00ed como es, como piensa y sien\u00adte, padece, muere y resucita. Fue tambi\u00e9n al Cristo total, no solamente al Cristo divino o al Verbo di\u00advino que exist\u00eda antes de los tiempos, a quien describieron los evangelistas. Narraron los hechos de aquel Cristo que confesaba respecto de s\u00ed mismo: \u00abEl Padre es mayor que yo\u00bb (lo. 14, 28), y que dijo a Mar\u00eda Magdalena: \u00abYo me subo al Padre m\u00edo y Padre vuestro; mi Dios y Dios vuestro\u00bb (lo. 20, 17). Como indica San Pablo en la carta a los filipenses (2, 5 y ss.), la divinidad de Jes\u00fas es solamente el misterioso fondo sobre el cual se destaca la ima\u00adgen radiante de aquel que, mediante sus manifesta\u00adciones, su obediencia de siervo y su muerte de cruz, se constituy\u00f3 en Se\u00f1or nuestro. De modo que la divinidad de Jes\u00fas es, por decirlo as\u00ed, el rasgo que sirve de descanso a nuestros ojos en la imagen de Jes\u00fas. El rasgo que enardece es su humanidad, porque mediante ella fue \u00c9l nuestro Dios, nuestro Se\u00f1or en sentido enf\u00e1tico. No concebimos la figura divina de Cristo sino mediante su humanidad.<\/p>\n<p>Por ello es de importancia decisiva estudiar profundamente la peculiaridad humana de Jes\u00fas, el sentarnos a sus pies, seg\u00fan el ejemplo de Mar\u00eda Magdalena, y saturarnos de su imagen. Lo que el cardenal Newman exige de la fe cristiana en general, es a saber, que no sea s\u00f3lo un asentimiento \u00abconceptual\u00bb, sino tambi\u00e9n \u00abreal\u00bb, est\u00e1 en vigor, sobre todo cuando se trata de nuestra fe en Cristo. Hemos de representarnos de un modo tan claro al Cristo vivo, al Cristo que pas\u00f3 por los campos de Galilea y est\u00e1 ahora sentado a la diestra del Padre, que lleguemos a verle verdaderamente, que \u00c9l pueda llegar a lo m\u00e1s \u00edntimo que hay en nosotros y que no queramos ya separarnos nunca de \u00c9l. As\u00ed pues, hemos de vivir a Cristo de tal manera, que del lejano pasado Cristo pase a nuestro presente, de la trascendencia invisible a nuestro mundo terrenal, palpable, del aire rarificado de la abstracci\u00f3n a nuestra realidad palpitante. Por muy importante que sea para nos\u00adotros el conocer suficientemente la teolog\u00eda dogm\u00e1\u00adtica y su cristolog\u00eda, para ver a Cristo con los ojos de la Iglesia, no debemos olvidar que con esta ima\u00adgen dogm\u00e1tica de Cristo s\u00f3lo tenemos un armaz\u00f3n, un esqueleto de conceptos abstractos y que todo de\u00adpende de que lo llenemos con carne y sangre y k infundamos vida. Una compenetraci\u00f3n amorosa, por ejemplo, con el pasaje de San Marcos (2, 1 y ss.), donde se habla de la curaci\u00f3n del paral\u00edtico, o con el de .San Lucas (7, 36 y ss.), donde se refiere c\u00f3mo la pecadora acude a Cristo, arrojar\u00e1 mayores luces sobre la figura de Cristo que un largo tratado de alg\u00fan te\u00f3logo insigne sobre la persona y la obra de Cristo. Y siendo as\u00ed que precisamente es la Biblia la que brinda siempre una teolog\u00eda funcional, es decir, una teolog\u00eda que se funda en la vida y que a la vida se dirige, siempre tendremos que recurrir a los Evangelios y a las cartas de los Ap\u00f3stoles para tomar prestados los trazos y el colorido de nuestra imagen de Cristo.<\/p>\n<p>Con toda intenci\u00f3n decimos: nuestra imagen de Cristo. Con ello queda indicado ya que las manifestaciones, autotestimonios del Se\u00f1or consignados en la Biblia, no bastan de suyo para despertar nuestra fe en \u00c9l. Ciertamente el llamarse \u00c9l el \u00abHijo del hombre\u00bb, que baj\u00f3 de las nubes del cielo, para fundar con su Pasi\u00f3n y muerte el reino de los cielos, y tambi\u00e9n el \u00abHijo, al cual lo entreg\u00f3 todo el Padre\u00bb, nos conduce al borde del misterio de su divinidad. Podemos dirigir nuestra mirada a unas profundida\u00addes que nadie puede medir sino solamente el Padre y el Hijo. Mas el que nosotros demos cr\u00e9dito a esta conciencia divina, que estemos saturados de la cer\u00adteza de que la conciencia de Jes\u00fas est\u00e1 libre de todo enga\u00f1o propio y de que no hay coraz\u00f3n m\u00e1s puro ni boca m\u00e1s veraz que los suyos, es cosa que sentimos y experimentamos tan s\u00f3lo por medio de la contextura \u00edntima que une sus palabras y toda su vida; por medio de la impresi\u00f3n subyugadora de su personalidad, tal como la describen los Evangelistas y tal como, sac\u00e1ndola del marco del pasado, hemos de colocarla nosotros en el momento presente, con los medios de la pura ex\u00e9gesis y de una psicolog\u00eda comprensiva. Con mil luces refleja esta imagen humana de Jes\u00fas lo divino. No puede suprimirse este elemento divino en la vida terrenal del Se\u00f1or sin destruir esta vida misma y diluirla en una vac\u00eda ficci\u00f3n literaria.<\/p>\n<p>Naturalmente, no hemos de olvidar jam\u00e1s que, al trazar los Evangelistas la vida de Jes\u00fas, se encontraban ya en la plena luz de la Resurrecci\u00f3n. De modo que es la Resurrecci\u00f3n la que refrenda de un modo definitivo la imagen que los Evangelistas presentan de Cristo, como tambi\u00e9n fue la Resurrecci\u00f3n la que dio un cu\u00f1o decisivo a la fe de la Iglesia primitiva. As\u00ed como Jes\u00fas mismo, ante los fariseos y saduceos que quer\u00edan ver \u00abalg\u00fan milagro\u00bb (Matth. 12, 38; 16, 1), no ment\u00f3 los prodigios y milagros que \u00c9l hab\u00eda obrado hasta entonces, sino solamente \u00abel prodigio de Jon\u00e1s profeta\u00bb, es decir, su propia Resurrecci\u00f3n, de un modo an\u00e1logo tambi\u00e9n sus disc\u00edpulos solamente por medio de la Resurrecci\u00f3n, solamente cuando Cristo se present\u00f3 en medio de ellos y al ver durante cuarenta d\u00edas al Resucitado, sacudieron su actitud al principio insegura, poco clara, vacilante, y se levantaron a la certeza de fe capaz de trasladar monta\u00f1as.<\/p>\n<p>Ni pod\u00eda ser de otra manera. Antes los impresio\u00adnaba en demas\u00eda lo humano que hab\u00eda en Jes\u00fas, sobre todo al caer \u00c9l en manos de sus enemigos y al verle padecer y morir. Tambi\u00e9n el ideal del Mes\u00edas, transmitido por los rabinos, seg\u00fan el cual el Mes\u00edas no hab\u00eda de ser el Hijo verdadero de Dios, sino solamente su Siervo, les imped\u00eda afirmar con convicci\u00f3n la divinidad de Jes\u00fas. Lo m\u00e1s que en aquellos tiempos cre\u00edan ellos de Jes\u00fas, lo resumieron los disc\u00edpulos de Ema\u00fas al confesar: \u00abEl cual fue un profeta poderoso en obras y en palabras a los ojos de Dios y de todo el pueblo\u2026 nosotros esper\u00e1bamos que \u00e9l era el que hab\u00eda de redimir a Israel\u00bb (Luc. 24, 19-21). Solamente por la vivencia pascual fue purificada y refrendada de un modo definitivo la fe de los disc\u00edpulos. Es la imagen del Glorificado la que se nos muestra en los Evangelios. Con la misma claridad con que describen los Evangelistas la vida y actividad puramente terrenales del Se\u00f1or, resaltan tambi\u00e9n las luces que el Resucitado arroja sobre esta vida. Sabemos que esta fe de los disc\u00edpulos en la Resurrecci\u00f3n era una vivencia debida a la gracia, lo mia\u00f1o que la vivencia de San Pablo en el camino de Damasco. No fue la Resurrecci\u00f3n en s\u00ed, el acontecimiento puramente exterior, lo que sirvi\u00f3 de fundamento a su fe pascual \u2014este acontecimiento no tuvo testigos; los guardas dorm\u00edan\u2014; fue el Resucitado, mostr\u00e1ndose a ellos de un modo inmediato, con amorosa entrega personal, de pura gracia, y manifest\u00e1ndoseles alternativamente en forma distinta \u2014ora terrenal, ora glorificada\u2014. Los disc\u00edpulos se sent\u00edan hasta tal punto subyugados por este contacto personal con el Resucitado, que, al ver el sepulcro vac\u00edo, no encontraron otra explicaci\u00f3n que \u00e9sta : Jes\u00fas ha resucitado saliendo del sepulcro. Esto fue para ellos la cosa m\u00e1s cierta que pod\u00eda haber. Por esta certeza sacrificaron bienes y sangre. Sellaron con su muerte lo que anunciaron al mundo jud\u00edo-pagano: \u00abResucit\u00f3, nosotros somos testigos.\u00bb<\/p>\n<p>No hay confesi\u00f3n rubricada con tanta sangre como la de los ap\u00f3stoles. As\u00ed, solamente cuando la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or llegue a ser para nosotros una certeza gozosa, comprenderemos y viviremos a Cristo de tal manera que se ilumine toda nuestra existencia.<\/p>\n<p>En lo que sigue procuraremos penetrar en el contenido profundo de la fe viva en Cristo, en sus paradojas, en el hecho incre\u00edble de que el Dios eterno se haya hecho hombre, jud\u00edo, crucificado. Nos acercamos al borde de su misterio de Hombre-Dios y dirigimos la mirada a sus abismos.<\/p>\n<p>Causa asombro el pensarlo : en tiempos hist\u00f3ricos hubo un hombre, completamente sano de cuerpo y de esp\u00edritu, de mirada perspicaz para juzgar los hechos de la vida, lo m\u00e1s grande y lo m\u00e1s dimi\u00adnuto de ella \u2014hasta los lirios del campo y la mone\u00adda oculta debajo de la mesa:\u2014, de una inteligencia extraordinariamente penetrante, el cual deshac\u00eda como con un leve gesto de la mano el ret\u00edculo en\u00admara\u00f1ado del rabinismo jud\u00edo y m\u00e1s all\u00e1 del mismo descubr\u00eda lo esencial, lo propio, lo divinamente sencillo de la Escritura, alejando del santuario toda excrecencia casu\u00edstica y haci\u00e9ndolo brillar nueva\u00admente en su pureza y hermosura originarias\u2026 !, \u00a1y este hombre sobrio, de despejada inteligencia, asom\u00adbrosamente noble en todo su ser y proceder, que en medio del furor de sus enemigos nunca perdi\u00f3 el dominio de s\u00ed mismo, que siempre fue due\u00f1o de su \u00e1nimo, que nunca cay\u00f3 en exageraciones fan\u00e1ticas, que, cuando ellos con hostilidad salvaje le presentaron la ad\u00faltera para lapidarla, trazaba tranquilamente letras en el suelo y con una comprensi\u00f3n incre\u00edble, con una superioridad soberana del coraz\u00f3n dijo a sus contrarios : \u00abEl que de vosotros se halle sin pecado, tire contra ella el primero la piedra\u2026\u00bb, este hombre de esplendorosa santidad y penetraci\u00f3n de esp\u00edritu, que aun en medio de la agon\u00eda encontr\u00f3, por encima de todo odio y de toda infamia, una frase llena de sol y claridad deslumbrante: \u00abPadre, perd\u00f3nalos, porque no saben lo que hacen\u2026\u00bb, este hombre, de esp\u00edritu tan claro, tan abierto a la vida y que se levantaba tanto por encima de los bajos fondos de lo puramente animal, de lo ciegamente instintivo, repiti\u00f3 durante toda su vida, como la cosa m\u00e1s natural del mundo: \u00abYo he salido del Padre. Yo y el Padre somos una misma cosa.\u00bb \u00c9ste es el misterio de Cristo.<\/p>\n<p>Causa asombro el pensar que en tiempos hist\u00f3ricamente comprobables hubo un hombre que hac\u00eda sentar en su regazo a los ni\u00f1os y los bendec\u00eda, que iba a los leprosos y publ\u00edcanos proscritos, que era desprendido y desinteresado como no ha habido otro sobre la tierra, cuya vida se consum\u00eda en la asistencia de los pobres y oprimidos, que ve\u00eda hermanos en los desheredados, que juzgaba como cosa la m\u00e1s sublime y grande el servir, el servir siempre, que poco antes de morir lav\u00f3 los pies de los disc\u00edpulos, que en el pan partido y en el vino escan\u00adciado se consagr\u00f3 v\u00edctima de los suyos \u2014\u00e9ste es mi cuerpo, \u00e9sta es mi sangre, que ser\u00e1 derramada por vosotros\u2014, que pas\u00f3 en medio de la humanidad no solamente ayudando y curando, sino cargando sobre s\u00ed la miseria de esa humanidad, sus dolencias f\u00edsicas y ps\u00edquicas con todo su espanto, con todo su abandono y desamparo\u2026 hasta lo \u00faltimo, hasta lo extremo, hasta el l\u00edmite en que su alma hubo de clamar : \u00abDios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has des\u00adamparado?\u00bb \u2026y que este hombre inauditamente heroico, inauditamente desprendido, inauditamente servicial y bondadoso, durante toda su vida consider\u00f3 que \u00c9l y el Padre eran una misma cosa : \u00abTodas las cosas las ha puesto mi Padre en mis manos.\u00bb \u00c9ste es el misterio de Cristo.<\/p>\n<p>Causa asombro el pensar que en tiempos hist\u00f3ricamente comprobables hubo un hombre que, siendo hijo del pueblo jud\u00edo, confesaba a un Dios \u00fanico, \u00fanico en el cielo y la tierra, a un solo Padre celestial; un hombre que oraba diariamente con su pueblo : \u00abEscucha, oh Israel: el Se\u00f1or Dios tuyo es el solo y \u00fanico Dios\u00bb; un hombre que miraba con el m\u00e1s profundo temor reverencial a ese Padre celestial, un hombre que no consent\u00eda le llamaran \u00abbueno\u00bb, porque solamente uno es bueno, el Padre en el cielo; un hombre cuya comida era hacer la voluntad del Padre, y desde su m\u00e1s temprana juventud, en los d\u00edas buenos como en los malos, no buscaba ni amaba sino esta voluntad; un hombre cuya vida era una sola y \u00fanica oraci\u00f3n; un hombre, por tanto, que, como ning\u00fan otro, desde las profundidades de su ser miraba lleno de reverencia y adoraci\u00f3n a ese Padre y buscaba su mano; que durante toda su vida se rend\u00eda de una manera tan \u00edntima y exclusiva a la voluntad divina, que su co\u00adraz\u00f3n nunca se vio oprimido ni por la m\u00e1s leve conciencia de pecado, nunca hubieron de pronunciar sus labios palabras de penitencia ni implorar perd\u00f3n; que aun al morir pidi\u00f3 perd\u00f3n, no para s\u00ed, sino para otros, y que, de lo m\u00e1s \u00edntimo de su uni\u00f3n con Dios, dec\u00eda a los atormentados : \u00abTus pecados te son perdonados\u00bb; un hombre que sab\u00eda que su voluntad estaba de tal manera unida e identificada con la del Padre, que con la omnipotencia de esta voluntad divina curaba enfermos y resucitaba muertos\u2026 \u00a1 Y este hombre santo, que se entregaba sin reserva a Dios, que se estremec\u00eda ante Dios, que se sumerg\u00eda por completo en Dios, este hombre afirm\u00f3 durante toda su vida como la cosa m\u00e1s natural del mundo, como algo corriente, que \u00c9l era el paciente Siervo de Dios, nuestro Juez, el Rey del reino de Dios; s\u00ed, que era el Hijo consubstancial de Dios : \u00abYo y el Padre somos una misma cosa.\u00bb<\/p>\n<p>\u00c9ste es el fen\u00f3menon Cristo. Este \u00abfen\u00f3menon\u00bb debe ser explicado; la cuesti\u00f3n que se plantea en \u00e9l debe ser contestada. No es posible pasar por encima con palabras superficiales. No es posible retraerse encogi\u00e9ndose de hombros, sobre todo al saber que lo divino que ese hombre afirmaba de s\u00ed mismo y que se transparentaba y brillaba de un modo tan prodigioso en sus milagros, en sus palabras y obras, al tercer d\u00eda de ser depositado en el sepulcro el cuerpo ex\u00e1nime, lo volvi\u00f3 a vivificar y lo mostr\u00f3 resucitado, glorificado a los disc\u00edpulos\u2026 durante cuarenta d\u00edas. \u00abY comieron y bebieron con \u00c9l.\u00bb<\/p>\n<p>En ese \u00abfen\u00f3menon\u00bb brilla hasta tal punto lo ins\u00f3lito, lo inaudito, lo sobrenatural, lo divino, que todo hombre que medita se siente subyugado, no puede pasar indiferente si no quiere perecer o no ha perecido ya por el problema de Dios. No puede menos de detenerse y escuchar, y hacerlo con la actitud, con la posici\u00f3n \u00fanicamente cuerda en el caso en que se trate de las posibilidades de Dios. Porque lo cierto es que el fen\u00f3menon \u00abCristo\u00bb es una de las posibilidades de Dios. Sobre las posibilidades \u00able* Dios ha de fallar, no el hombre, sino \u00fanicamente Dios. Si el Verbo divino \u2014presente (per essentiam) en todo lo existente y que todo lo penetra\u2014 quiere encarnarse, entrar en uni\u00f3n tan \u00edntima con un hombre, que \u00e9ste pueda decir: \u00abeste Verbo soy yo\u00bb, \u00abyo soy el camino, la verdad y la vida\u00bb, si Dios quiere obrar este milagro de los milagros, es \u00fani\u00adcamente asunto de Dios. Y al hombre le toca escuchar con reverencia y prontitud interior para darse cuenta de si realmente es Dios quien habla. Si no escucha con esa reverencia y prontitud \u2014las \u00fanicas rectas al tratarse de las posibilidades divinas\u2014, si se hace respecto de estas posibilidades como Caif\u00e1s, como fiscal que se ha formado de antemano su juicio, que con loco y orgulloso af\u00e1n de dictaminar se niega de antemano a aceptar estas posibilidades divinas y las rechaza porque no encajan en las medidas de las posibilidades humanas, atenta contra Dios, contra su poder absoluto, contra el hecho de tener Dios solo la primera y la \u00faltima palabra en la tierra.<\/p>\n<p>Naturalmente, hay personas que, llenas de reverencia, buscan a Dios y, con todo, no pueden creer en Cristo. Y precisamente su reverencia para con Dios, el completamente distinto, el Infinito, es la que les impide ver en la figura de Cristo una posibilidad de Dios. El \u00abmysterium tremendum\u00bb, Dios, las subyuga tanto, que en su interior se sublevan contra la posibilidad de que el Dios infinito haya podido habitar en un ni\u00f1o, en un jud\u00edo, en un crucificado. De modo que su incredulidad, mir\u00e1ndola desde dentro, es de matiz religioso. Porque, en \u00faltimo t\u00e9rmino, es su reverencia ante lo divino la que las detiene de considerar posible la humanaci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>No nos incumbe juzgar a tales personas y examinar la contextura de su actitud ps\u00edquica para ver si su \u00abno\u00bb lanzado a Cristo brota, en \u00faltimo t\u00e9rmino, del orgullo humano, de una secreta locura de dictaminar llevada al extremo de fallar sobre las posibilidades de Dios.<\/p>\n<p>Pero es posible que entre tales personas haya un hombre honrado y de buena voluntad; y nosotros no vacilamos en afirmar que, mientras conserve tan manifiesta reverencia y tal anhelo de verdad, ser\u00e1 disc\u00edpulo del Se\u00f1or seg\u00fan el esp\u00edritu, aun cuando de hecho le persiga y le odie. Hay incr\u00e9dulos que est\u00e1n m\u00e1s cerca de Cristo que ciertos creyentes\u2026, es a saber, que esos creyentes rutinarios que nunca se han planteado seriamente la cuesti\u00f3n de Cristo, que nunca han sentido la \u00edntima desaz\u00f3n de meditar la historia de Cristo, que cuidan y transmiten su fe cristiana de la misma manera que sus dem\u00e1s tradiciones y heredades familiares. \u00ab \u00a1Ojal\u00e1 fueras fr\u00edo o caliente! Mas por cuanto eres tibio, y no fr\u00edo, ni caliente, estoy para vomitarte de mi boca.\u00bb<\/p>\n<p>Cristo no quiere tibios, sino completamente fr\u00edos o completamente calientes, es decir, hombres decididos, hombres que sepan decir \u00abs\u00ed\u00bb o \u00abno\u00bb. Es posible que un d\u00eda, en el banquete de bodas (Luc. 14, 15 y ss.), cierre la puerta de la sala del fest\u00edn a no pocos de esos cristianos rutinarios, cristianos de fe de bautismo, que por su nacimiento y el bautismo fueron llevados a la fe desde el principio, pero que tuvieron en m\u00e1s la nueva yunta de bueyes, el nuevo \u00abchalet\u00bb o los placeres de los sentidos que las cosas de la fe: \u00abNo s\u00e9 de d\u00f3nde sois\u2026\u00bb Entonces alegar\u00e9is a favor vuestro: \u00ab\u00abNosotros hemos comido y bebido contigo: t\u00fa predicaste en nuestras plazas.\u00bb O, para seguir en el mismo estilo: \u00abNos hemos arrodillado en tu comulgatorio y hemos estado al pie de tu p\u00falpito.\u00bb Mas \u00c9l responder\u00e1: \u00abNo s\u00e9 de d\u00f3nde sois\u00bb (Luc. 13, 25 y ss.). Y es posible que el Se\u00f1or, volviendo la espalda a estos cristianos rutinarios que tratan la fe con tanta despreocupaci\u00f3n como una prenda de vestir heredada, env\u00ede sus mensajeros a aquellos que se hallan lejos, al parecer sin objetivo, sin inter\u00e9s, por los caminos y cercados, a aquellos que le miran a \u00c9l y sus preparativos de bodas con \u00edntimo disgusto, con una leve envidia, y a pesar de todo no pueden prescindir de \u00c9l, y vuelven la mirada una y otra vez hacia \u00c9l, y en el fondo de sil coraz\u00f3n se sentir\u00edan dichosos de estar en su compa\u00f1\u00eda si pudieran creer y confiar en \u00c9l. A \u00e9stos, s\u00ed, precisamente a \u00e9stos los invita \u00c9l para el banquete de bodas, ya que los primeros invitados no quisieron acudir. Y \u00ablos criados, saliendo a los caminos, reunieron a cuantos hallaron, buenos y malos; de suerte que la sala de bodas se llen\u00f3 de Rentes\u00bb. \u00bfNo fue San Pablo uno de esos hu\u00e9spedes recogidos por los cercados? \u00bfY no lo fue m\u00e1s ade\u00adlante San Agust\u00edn? \u00bfY qui\u00e9n nos dir\u00e1 el n\u00famero de esos hu\u00e9spedes venidos de los cercados? Quiz\u00e1 era de su grupo tambi\u00e9n Nietzsclie. Precisamente por su caso aprendemos que existe un odio que es amor, amargado.<\/p>\n<p>Sea como fuere, lo cierto es que el Se\u00f1or de la casa tuvo en cuenta primero, no a los hu\u00e9spedes recogidos por los cercados, sino a los convidados. Y convidado es cada bautizado que no cierre con indiferencia su coraz\u00f3n a las impresiones que suscita en \u00e9l Cristo, sino que se lo abra de lleno viendo en ellas posibilidades de Dios.<\/p>\n<p>\u00bfA qu\u00e9 hemos de abrir nuestro coraz\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 es propiamente lo que nos induce a creer? Tal es la \u00faltima cuesti\u00f3n a que hemos de contestar.<\/p>\n<p>No son las palabras de Cristo, su profunda sabidur\u00eda y vigor de vida lo que nos induce de suyo a creer. Tampoco son sus milagros y prodigios, ni el valor persuasivo de los mismos. De ninguna manera son los acontecimientos puramente exteriores, los que podemos comprobar en el plano hist\u00f3rico y ponderar seg\u00fan su contenido de credibilidad. Todo ello, para decirlo con frase de Santo Tom\u00e1s de Aquino, es una causa que induce de un modo puramente exterior (causa exterius inducens). No son estas realidades atestiguadas por los Evangelios lo que nos hace realmente creyentes, sino el mismo que obra\u2026 ese fluido, inexplicable en \u00faltimo t\u00e9rmino, pero que penetra y obra en las profundidades, y que, partiendo del yo divino del Se\u00f1or, irrunda por medio de sus palabras, de sus milagros, de su humanidad nuestra alma. Quien nos induce a creer es Jes\u00fas vivo\u2026 una impresi\u00f3n suprema, incomparable, personal, que \u00c9l nos produce, impresi\u00f3n que al o\u00edrle hablar o verle obrar se adue\u00f1a de lo m\u00e1s Intimo de nuestro ser. Es un contacto de vida, que parte de \u00c9l, de su yo divino. Los te\u00f3logos \u2018lo llaman gratia Christi; gracia porque no parte de nosotros, sino de \u00c9l. Esto, solamente esto, es, seg\u00fan Santo Tom\u00e1s, la \u00abcausa primera y propia de la fe\u00bb (principalis et propria causa fidei). Es como un manar \u00edntimo de su ser y voluntad divino-humanos en nosotros, un comer y beber de \u00c9l. Podremos buscar muchas palabras para expresar esa cosa tan \u00fanica, tan indescriptible, tan inefable. Nunca ex\u00adpresaremos lo esencial y supremo, ya que esto s\u00f3lo puede ser vivido y experimentado. No es algo muerto, sino algo vivo lo que nos induce a creer: el llenarnos, el estar llenos del yo vivo, divino del Se\u00f1or. \u00abT\u00fa en m\u00ed y yo en ti.\u00bb \u00abComemos su carne y bebemos su sangre\u2026\u00bb, en esto culmina el misterio de fe.<\/p>\n<p>Es el misterio de la vida, de la vida en su sentido pleno, no s\u00f3lo de la vida moral. La fe en Cristo, el cristianismo no es solamente algo \u00e9tico. Es mucho m\u00e1s. Es estar llenos, estar saturados de la plenitud de aquel que lo llena todo en todo. De modo que es tambi\u00e9n, y lo es en primer t\u00e9rmino, algo biol\u00f3gico, algo vital, la suma de todos los valores que mantienen, levantan, dan perfecci\u00f3n a mi vida, que de lo fragmentario de mi ser hacen un todo, de todo lo fr\u00e1gil algo infrangible, de todo lo mortal que hay en m\u00ed algo inmortal. Para los primeros cristianos, no era un concepto abstracto, sino una expresi\u00f3n llena de realidades pulsantes. \u00abSer cristiano\u00bb, \u00abser creyente\u00bb, significaba para ellos estar aprisionados, estar dominados en todas las dimensiones de su voluntad de vivir por la voluntad de vivir de Cristo, ser trasplantados a su afirmaci\u00f3n infinita, nutridos de sus fuerzas personales originarias, y esto en todo el campo de la vida, en lo sensitivo como en lo espiritual, en lo org\u00e1nico como en lo inorg\u00e1nico, en lo \u00e9tico como en lo est\u00e9tico, en lo individual como en lo social. Los milagros de Jes\u00fas consignados en los Evangelios tambi\u00e9n fueron como un brillar, un brotar de sus divinas fuerzas de vida en los enfermos y dolientes. En el fondo, la fe de Cristo no es otra cosa sino la actitud religiosa que, separ\u00e1ndose de todo el barullo y barah\u00fanda de la vida, de todo miedo y confu\u00adsi\u00f3n metaf\u00edsicos, se sumerge en el yo de Cristo y en \u00c9l vive\u2026<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 angustiosa, qu\u00e9 desesperada es la situaci\u00f3n de un hombre que no ha encontrado en Cristo el sost\u00e9n, o, m\u00e1s bien, el m\u00e1s profundo cimiento de su vida! Aun cuando no lo sepa o no quiera notarlo, anda tambaleando. Una vida sin Cristo es una vida que se precipita por una pendiente. A la larga, tambi\u00e9n la fe en Dios pierde su \u00faltima seguridad y certeza, si no la enardece continuamente un contacto con Cristo. Porque solamente Cristo es el camino que conduce al Padre. Sin Cristo, el Dios vivo encarnado, con harta facilidad se volatiliza la idea de Dios, perdi\u00e9ndose en lo abstracto, en el vac\u00edo. Seg\u00fan demuestra la experiencia, en ning\u00fan pueblo hay m\u00e1s ateos pr\u00e1cticos que en el que clava a Cristo en la cruz. As\u00ed pues, el mundo sin Cristo con harta facilidad se trueca en un mundo sin Dios. Y con ello pierde su sentido, su verdadera profundidad y su equilibrio. Lo que dice Nietzsche en su obra As\u00ed habl\u00f3 Zaratustra (VII, 382 y s.) respecto al mundo sin Dios, desgajado de Dios, y respecto a los horrores nihilistas del mismo, puede aplicarse con especial exactitud al mundo sin Cristo. Ha perdido toda su interioridad, todo II calor, toda su firmeza y consistencia. Ha perdido su encanto, se encuentra hastiado, deshojado V marchito como una flor desechada, y despide olor a moho.<\/p>\n<p>Todos conocemos el juicio terrible que Nietzsche mismo hizo de su propia incredulidad. \u00ab\u00bfNo hab\u00e9is o\u00eddo hablar de aquel hombre loco que en pleno d\u00eda encendi\u00f3 una linterna, corri\u00f3 al mercado y clamaba continuamente: \u201c busco a Dios, busco a Dios\u201d? Como all\u00ed se hallaban precisamente reunidos muchos de los que no cre\u00edan en Dios, fue recibido con grandes risotadas. \u201cEs que se ha perdido\u201d, observ\u00f3 uno. \u201cSe ha extraviado como un ni\u00f1o\u201d, dijo otro.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfEst\u00e1 escondido? \u00bfTeme de nosotros? \u00bfSe ha embarcado? \u00bfHa emigrado?\u201d As\u00ed \u00abrifaban y se re\u00edan todos. El hombre loco se meti\u00f3 en medio de ellos atraves\u00e1ndolos con su mirada. \u201cDe \u00bfd\u00f3nde se fue Dios?\u201d, clamaba. \u201cYo os lo dir\u00e9. Le hemos matado, vosotros y yo. Todos nos\u00adotros somos sus asesinos. Pero, \u00bfc\u00f3mo lo hicimos?\u2026 \u00bfQu\u00e9 hicimos al cortar las ligaduras que un\u00edan esta tierra con su sol? \u00bfAd\u00f3nde se dirige ahora? \u00bfAd\u00f3nde vamos nosotros? \u00bfNos alejamos de todos los soles? \u00bfNo vamos despe\u00f1\u00e1ndonos continuamente? \u00bfHacia atr\u00e1s, hacia un lado, hacia delante, en todas las direcciones? \u00bfHay todav\u00eda arriba y abajo? \u00bfNo vamos errando a trav\u00e9s de una nada infinita? \u00bfNo sentimos el soplo del vac\u00edo? \u00bfNo hace m\u00e1s fr\u00edo? \u00bfNo va haci\u00e9ndose de noche continuamente y m\u00e1s de noche a\u00fan? \u00bfNo hemos de encender linternas en pleno d\u00eda?\u201d Y call\u00f3 el loco y mir\u00f3 otra vez a sus oyentes. Tambi\u00e9n ellos callaron y le miraban con extra\u00f1eza.\u00bb<\/p>\n<p>S\u00ed, se hace de noche en torno nuestro si no arde para nosotros \u2018la luz de Cristo. Solamente \u00c9l es nuestra luz y nuestra vida. Solamente por \u00c9l merece la vida ser vivida. Solamente \u00c9l es nuestra patria. \u00abSe\u00f1or, \u00bfa qui\u00e9n iremos?\u00bb, le preguntamos con Pedro. \u00abT\u00fa tienes palabras de vida eterna\u00bb (Io. 6, 68).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Seg\u00fan la espiritualidad peculiar de cada pensador ser\u00e1 diferente el cuadro que \u00e9l se forme del hombre y de su relaci\u00f3n con Dios. Sin embargo, todos los fil\u00f3sofos y te\u00f3logos cristianos coinciden en algo inconcuso: en que la naturaleza humana tiene por su mismo ser una relaci\u00f3n trascendental con Dios. 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