{"id":34867,"date":"2025-06-09T15:47:39","date_gmt":"2025-06-09T15:47:39","guid":{"rendered":"https:\/\/tabernaculoprensadedios.com\/web\/?p=34867"},"modified":"2025-06-09T15:47:39","modified_gmt":"2025-06-09T15:47:39","slug":"el-valor-de-las-lagrimas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tabernaculoprensadedios.com\/web\/el-valor-de-las-lagrimas\/","title":{"rendered":"El Valor de las L\u00e1grimas"},"content":{"rendered":"<div>\n<p>El duelo me resulta f\u00e1cil. El horno de mis muchas aflicciones, avivado por una dolorosa enfermedad \u00f3sea, c\u00e1ncer en etapa 4, artritis avanzada, un dolor de cabeza perpetuo de 35 a\u00f1os de duraci\u00f3n y m\u00faltiples lesiones lumbares, sin mencionar diversas penas relacionales y espirituales, ha llegado a un punto de alto calor. Mis huesos a veces se derriten, y mi esp\u00edritu se siente ardiendo dentro de m\u00ed.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Cuando has experimentado tanto duelo como yo, a veces te preguntas qu\u00e9 piensa el Se\u00f1or al respecto. \u00bfEs mi duelo aceptable o he ca\u00eddo en una tristeza dudosa y un descontento autocompasivo? Creo que hay respuestas b\u00edblicas a estas preguntas, ya que, en muchos sentidos, la Biblia es un registro de l\u00e1grimas: una larga y casi ininterrumpida secuencia de lamento y alegr\u00eda.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><strong>Duelo leg\u00edtimo<br \/>\n<\/strong>Escuchamos el sonido del lamento de Israel en Egipto, y leemos a los antiguos poetas hebreos desahogar sus muchas penas y suspiros. M\u00e1s tarde, nos encontramos con algunos profetas que lloran, una iglesia primitiva familiarizada con el duelo y un pastor frecuentemente en l\u00e1grimas, todos los cuales dan testimonio de la validez del duelo en una vida de fe genuina (\u00c9x 2:23-25; Jer 9:1; Hch 8:2; 20:19, 31, 36-38; Ro 8:18-23; 9:1-2; Fil 2:27; 3:18; Ap 6:9-10).<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Nuestro Se\u00f1or fue un \u00abvar\u00f3n de dolores y experimentado en aflicci\u00f3n\u00bb (Is 53:3). \u00c9l es el Santo sin pecado que clam\u00f3 con fuerte lamento: \u00abDios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb, y que ofreci\u00f3 \u00aboraciones y s\u00faplicas con gran clamor y l\u00e1grimas\u00bb en los d\u00edas de Su vida terrenal (Mt 27:46; Heb 5:7).<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Jes\u00fas nos mostr\u00f3 que cuando suceden cosas tristes, est\u00e1 bien sentirse triste, incluso si sabemos que al final todo acabar\u00e1 bien<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>\u00c9l es tambi\u00e9n Aquel que llor\u00f3 por la muerte de Su querido amigo L\u00e1zaro (Jn 11:33-38), aun cuando sab\u00eda que lo iba a resucitar de entre los muertos. Antes de que Jes\u00fas arreglara la tragedia, \u00c9l eligi\u00f3 sentirla, lo cual es una buena palabra para quienes cuidan de otros hoy. Al elegir las l\u00e1grimas, \u00c9l mostr\u00f3 que cuando suceden cosas tristes, est\u00e1 bien sentirse triste, incluso si sabemos que al final todo acabar\u00e1 bien.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Espero que esto nos hable a todos. Relaciones rotas, heridas y divisiones en la iglesia, matrimonios destrozados, sue\u00f1os frustrados, familias fracturadas, empleos perdidos, tumores malignos, seres queridos fallecidos, sue\u00f1os no realizados, todas estas son penas reales y duelos v\u00e1lidos. Tenemos permiso para llorar. Si bien es maravilloso cuando la verdad nos consuela y ofrece esperanza, esa esperanza no significa que no debamos lamentar los aspectos rotos, maltratados y pesados de la vida. La vida duele. Necesitamos l\u00e1grimas, tanto para sanar nuestros corazones heridos como para reflejar las respuestas de nuestro Salvador.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><strong>Cuando el duelo se vuelve da\u00f1ino<br \/>\n<\/strong>Pero la profundidad de mi duelo me hace preguntarme si el duelo puede volverse pecaminoso. Si es as\u00ed, \u00bfcu\u00e1ndo? \u00bfEs posible llorar demasiado o con demasiada fuerza o por demasiado tiempo, de modo que deshonre a Dios? \u00bfHay alguna vez un momento en que es pecaminoso estar triste? Esta es una pregunta urgente para m\u00ed, ya que anhelo honrar a mi Salvador en mis suspiros y cantos, y en mi vivir y morir. Necesito saber cu\u00e1ndo mi duelo ha llegado demasiado lejos.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>El libro de Job deja claro que es posible sufrir duelo de manera correcta o pecaminosa. El duelo de Job al principio fue sin culpa. Rasg\u00f3 su manto, afeit\u00f3 su cabeza y se postr\u00f3 en un mont\u00f3n de ceniza. En todo este lamento, \u00e9l \u00abno pec\u00f3 ni atribuy\u00f3 a Dios desprop\u00f3sito alguno\u00bb (Job 1:20-22; ver 2:7-10). Pero m\u00e1s tarde, s\u00ed cruz\u00f3 una l\u00ednea, y Dios lo reprendi\u00f3 por ello.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Entonces, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 esa l\u00ednea? \u00bfCu\u00e1ndo el duelo se convierte en pecado? Aqu\u00ed hay cinco respuestas.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>.<strong>El duelo se vuelve pecaminoso cuando es blasfemo<br \/>\n<\/strong>La blasfemia acusa a Dios de hacer el mal o de actuar injustamente. Al principio de Sus pruebas, Job no atribuy\u00f3 a Dios desprop\u00f3sito alguno. Pero m\u00e1s tarde s\u00ed lo hizo. Cuando no lo hizo, fue elogiado (Job 1:22). Cuando lo hizo, fue reprendido (Job 40:6-9). Yo puedo preguntarle a Dios por qu\u00e9 ha hecho lo que ha hecho. Pero no puedo acusarlo de estar equivocado por hacerlo.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><strong>\u00a0El duelo se vuelve pecaminoso cuando es destructivo<br \/>\n<\/strong>Cuando mi duelo continuo e implacable socava e incluso arruina mi vida de fe y me impide enfrentar la vida de manera responsable, se ha vuelto pecaminoso. David llor\u00f3 la muerte de su hijo, pero luego se levant\u00f3, se limpi\u00f3 de su duelo y reanud\u00f3 la adoraci\u00f3n y las responsabilidades de su vida (2 S 12:15-20).<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Hay momentos para sufrir duelo, y hay momentos para enfrentar lo que sea que Dios haya planeado que hagamos, y para levantarnos y hacerlo<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Hay momentos para sufrir duelo, y hay momentos para enfrentar lo que sea que Dios haya planeado que hagamos, y para levantarnos y hacerlo (Ec 3:1-11). John Piper expresa bien el duelo responsable: \u00abDe vez en cuando, llora profundamente por la vida que esperabas tener. Lamenta las p\u00e9rdidas. Siente el dolor. Luego l\u00e1vate la cara, conf\u00eda en Dios y abraza la vida que \u00c9l te ha dado\u00bb<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><strong>\u00a0El duelo se vuelve pecaminoso cuando es sin esperanza<br \/>\n<\/strong>No debemos sufrir duelo sin esperanza como lo hace el mundo (1 Ts 4:13), y aunque podamos estar perplejos por la vida, no debemos estar \u00abdesesperados\u00bb (2 Co 4:8). La desesperanza es esencialmente una negaci\u00f3n de las promesas de Dios, y el duelo sin esperanza deshonra la obra y los triunfos de Cristo. Debo elegir la esperanza.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><strong>\u00a0El duelo se convierte en pecado cuando cae en la idolatr\u00eda<br \/>\n<\/strong>Cuando nos negamos a ser consolados, a veces revelamos un amor mayor por las personas y posesiones de esta vida que por nuestro Salvador, lo que puede llevarnos a abandonarlo.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>El libro de Hebreos trata sobre creyentes tentados a abandonar a Cristo debido a lo dif\u00edcil que se hab\u00eda vuelto su vida de fe. Aqu\u00ed es cuando el duelo necesita detenerse: cuando me hace pensar que necesito algo o alguien mejor que Jes\u00fas, y cuando me tienta a abandonarlo por otro. Har\u00edamos bien en recordar el gemido del pueblo de Israel que quer\u00eda volver atr\u00e1s de seguir a Dios porque los puerros, las cebollas y el ajo les resultaban m\u00e1s atractivos que \u00c9l (Nm 11:1-6).<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><strong>\u00a0El duelo se vuelve pecaminoso cuando es sin gozo<br \/>\n<\/strong>Pablo nos manda: \u00abRegoc\u00edjense en el Se\u00f1or siempre. Otra vez lo dir\u00e9: \u00a1Regoc\u00edjense!\u00bb (Fil 4:4). Su ejemplo muestra que es posible tener un dolor profundo y un gozo genuino al mismo tiempo. El gozo no es opcional para el creyente. Es una decisi\u00f3n consciente de recordar y contemplar todas las abundantes bendiciones que tenemos en Cristo, y hallar contentamiento gozoso en \u00c9l, sin importar nuestras p\u00e9rdidas y cruces (Hab 3:17-18; 2 Co 6:10; 12:8-10; Ef 1:3-11; Fil 4:11-13; Heb 13:5-6).<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Mi intenci\u00f3n no es cargar a los hijos de Dios que lloran con un peso a\u00fan mayor que soportar, una culpa para agravar su duelo. Ya tenemos suficientes penas por las cuales lamentarnos. No necesitamos a\u00f1adir a ello la verg\u00fcenza.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Pero debemos recordar que Dios es nuestro Padre celestial, quien nunca se equivoca; siempre hace lo correcto, lo bueno y lo mejor. Acusarlo de hacer mal solo aumenta nuestro dolor, porque nos priva de la esperanza, el gozo, el contentamiento y la confianza que pueden hallarse en \u00c9l. Al final, \u00c9l es el \u00fanico digno de nuestra total confianza, porque siempre hace lo correcto.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El duelo me resulta f\u00e1cil. El horno de mis muchas aflicciones, avivado por una dolorosa enfermedad \u00f3sea, c\u00e1ncer en etapa 4, artritis avanzada, un dolor de cabeza perpetuo de 35 a\u00f1os de duraci\u00f3n y m\u00faltiples lesiones lumbares, sin mencionar diversas penas relacionales y espirituales, ha llegado a un punto de alto calor. 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