Sergi Barnils, pintor que se inspira en la Biblia

Sergi Barnils, pintor que se inspira en la Biblia

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Dice este artista internacional que para pintar “me inspiro en la Biblia y sin ella moriría mi obra y yo moriría con ella”.

El pintor Sergi Barnils, de fe protestante, ha sido entrevistado por el Diari de Girona. Nació en Bata (Guinea Ecuatorial) en 1954. En 1965 ya estudia en el departamento de Arte de Viaro, con Xavier Cabanach, Xavier Figueras y Francesc Casademont le Vieux.

Después de ganar dos premios extraordinarios en el VIII Certamen Nacional y Provincial Juvenil de Arte de Barcelona, estudia, entre otros centros, en la Escuela del Trabajo de Barcelona, y desde 1975 cursó estudios en la Facultad de Bellas Artes de esta ciudad, donde reside.

Desde 1995 expone por toda Italia, Alemania, Austria, Suiza, Holanda y Bélgica, entre otros lugares. Un itinerario que lo lleva de ciudad en ciudad: de Tori en Amsterdam, de Zúrich en Viena, de Ginebra a Carrara, de Bolonia en Madrid. Su actual exposición en el Espacio VolArt se puede visitar hasta el 26 de marzo.

Nos encontramos en su espacioso y luminoso estudio de Sant Cugat. Se pone el delantal del trabajo y nos movemos entre telas, embalajes, caballetes, botes de color o aguarrás.

P.- ¿Le ha influenciado el hecho de nacer en la antigua Guinea española?

R.- Allí pasé poco tiempo, en el vientre de mi madre y un añito y pico. Pero un crítico como Josep M. Cadena analizó los colores, tonos y texturas de mis cuadros para un catálogo de una exposición que hice en Bolonia y dedujo que si. Niño prodigio? No lo fui en absoluto. Era un desastre académicamente. Sólo destacaba en las artes. Me entretenía mirando por la ventana la masía de Can Volpelleres con sus árboles y pájaros, o el movimiento de las nubes, y no me enteraba de nada de las asignaturas.

P.- ¿Cómo definiría el arte?

R.- El arte es el intento de armonización del caos que a todos nos hierve dentro, en un cosmos ordenado y significativo. Se ha dicho que tanto el niño como el hombre prehistórico hacen garabatos por la necesidad de dar forma al mundo. La necesidad de expresión no es nada más que el deseo de dejar constancia de un instinto de perpetuidad. En mi obra hay instinto, gesto, ensueño.

P.- ¿Por qué el arte abstracto?

R.- Como decía José Camón Aznar, el arte abstracto es el vehículo para llegar a configurar un arte espiritual de primer nivel. Para elevar el espíritu del receptor, decía, no hay nada como la abstracción, porque es como un campo flotante de colores y manchas que el alma humana percibe con más facilidad que la concreción.

P.- ¿Para usted la pintura debe elevar el espíritu? Me recuerda a Kandinski, Lo espiritual en el arte…

R.- Por supuesto que sí! Yo no soy de los que valora la propia obra con los ojos de otros que la contemplen. Procuro, como decía Kandinski, que el estado de mi espíritu, de mi alma, se comunique con el espíritu del espectador a través del arte. Pretendo una comunicación espiritual. El juicio que haga quien contempla una obra mía no me ha de afectar. Ya me he desnudado. La obra sigue viva esperando el disfrute del otro.

P.- Su arte, pues, tiene un componente religioso…

R.- La pintura tiene connotaciones espirituales más que religiosas. Todo hombre tiene anhelos de absoluto. El esfuerzo del ser humano para llegar a Dios es infructuoso, porque la iniciativa siempre es suya.

P.- Sus primeras pinturas eran, generalmente, paisajes y figuras cubistas o fauvistas. Poco a poco fue cogiendo un estilo abstracto, caracterizado por un primitivismo infantil hasta que empieza a dialogar entre pintura y geometría. Además de Joan Miro o Paul Klee, ¿qué otros pintores lo influenciaron?

R.- Mis primerísimas pinturas tampoco eran geométricas, sino manchas… Es complicado definir las propias etapas…. Hacía una pintura muy libre: nubes, manchas, marcas, algo muy tipo Turner. De golpe sufrí como un vacío, y la pintura se convirtió en necesidad de investigación. Empezó la geometría con formas básicas: círculo, triángulo, cuadrado. El círculo es la eternidad, el tiempo sin principio ni fin. El triángulo es Dios, el único lucero. El cuadrado es la tierra, el universo entero que en un principio se creía que era cuadrado. Imaginaba una dama recluida en un castillo y traducía situaciones a recursos geométricos.

Miró me influenció mucho, tal vez demasiado. Me fastidia cuando las críticas decían que era “demasiado como Miro”. También me influyó Klee, y más adelante Cy Twombly. Y también la primera etapa de Kandinski. La dama era mi alma, el castillo la situación de cautiverio en que me sentía.

Pasé años esperando mi liberación. Este llegó no hace mucho, cuando empecé a relacionarme con el trascendente o, si lo prefiere, con la divinidad.

Empecé a leer la Biblia y eso me iba liberando más y más. Volvía casi a los comienzos. Renoir decía que los pintores nos miramos demasiado el ombligo; según él, los antiguos con una vida modesta y con temor de Dios, hacían una obra más sublime. Renoir llegaba a decir que sin religión no había arte.

Últimamente, si me pregunta en quien me fijo, debería decir que, sin tener nada que ver con el mensaje bíblico, me fascina el gesto de Jackson Pollock, Georges Rouault, Willem de Kooning, Emilio Vedova, Clyfford Still, Franz Kline .. . Creo que cuanto más evangélico es mi arte, disfruta de más libertad.

P.- ¿Su momento de conversión?

R.- Un día que pintaba de forma automática y estaba muy preocupado y triste, oí una emisora de radio y apareció el protestantismo en mi vida. Hablaban del Evangelio sin ornamentos, del Evangelio puro. Y aquella era el agua fresca que yo necesitaba en mi vida. Porque la palabra de Dios, sin dogmatismos ni estructuras humanas ni mandamientos ni hojarasca, llega muy adentro.

Le ha pasado a muchos artistas y a mucha otra gente. Todo fue sencillo. Ya sabe que, para los protestantes, es “sola scriptura, sola fide, sola gratia” y Jesús es el único camino para llegar al Padre .. Todo tan sencillo que era lo que necesitaba y me fue muy bien. Yo me he integrado en la iglesia evangélica bautista. Alabamos las cosas buenas, el trabajo no es ninguna maldición… pero si viera que allí adulteran la palabra de Dios, lo dejaría. Yo leo los salmos y los evangelios por mí mismo.

P.- Durante el cambio de siglo usted ha trabajado mucho: La poética de Barnils parte del Ciclo de los jardines olvidados (monasterio de Sant Cugat, 1996, crece con El alfabeto de mi vida (Bruselas, 2000), se expande por La ciudad célica y La mansión inmutable (Palazzo Račan Arroni, de Spoleto, 2001), hace un potente tour de force con Europa (Ex Magazzini del Sale, Cervia, 2002), está sobre la roca de El eterno invisible (Spiralearte, Mila, 2003 y vibra por una patria resplandeciente (Verona 2004) y las doxología (Sala Maragall, Barcelona, 2004) .. Cuénteme que significa todo esto en su evolución.

R.- Lo dijo todo usted mismo. Sencillamente significa que he ido dando pasos hacia el trabajo bien hecho sin dar la espalda a la divinidad, que, como decía Renoir, es necesaria para obtener la felicidad.

El arte griego, Giotto, Fra Angelico, Brueghel, Durero, Rembrandt y otros pintaban para dar gloria a Dios, y eso se nota. Yo había olvidado a Dios. Al recuperarlo, mi obra se benefició, las formas cambiaron, la paleta se volvió brillante.

Hace unos años, cuando hacía cuadros demasiado luminosos, les pasaba betún de Judea y me quedaba tranquilo. Como dice el evangelista Juan: el hombre prefiere la oscuridad cuando las obras que hace no son buenas… Mi obra se ha ido transformando a medida que yo me he ido transformando interiormente. Volver atrás sería un fracaso terrible; ahora me inspiro en la Biblia y sin ella moriría mi obra y moriría yo con ella.

P.- Después de varias muestras que tenían nombre de piedras preciosas, los títulos de las muestras que siguieron se inspiraron en el concepto bíblico del matrimonio entre la humanidad y la divinidad de que habla Apocalipsis… Y, además, son muestras hechas en tierras italianas: ¿la entienden mejor allí?

R.- Me pueden entender más los que sepan que la Biblia y, concretamente el libro de Apocalipsis, ha inspirado a muchísimos pintores durante toda la historia del arte. Grandes figuras desde los Beatus medievales a los desconocidos pintores de Pantocrator por no hablar de Renoir, Rembrandt, Cranach el Viejo, Friedrich, Blake, Otto Dix, Max Beckmann, Chagall …

Para aquellos que no tienen este bagaje cultural, será extraño que un pintor del siglo XXI hable de estos temas. En contra de lo que puede pensar cierta gente, no soy ningún fanático ni estoy desfasado: estos temas cada día interesan más. Milton es una delicia, y no sería nadie sin la Biblia La revelación de Dios al hombre nunca se agota y nunca será cosa del pasado como nunca lo será beber agua o respirar.

P.- ¿Trabajo o inspiración?

R.- Trabajo, trabajo! La inspiración viene trabajando en medio de dificultades. Me gusta contemplar la naturaleza. Hago como la abeja, que va a la flor y se lleva el néctar que extrae a la colmena para hacer miel y cera… Los pintores hacemos esto: contemplamos la naturaleza, nos inspiramos, pero, después de la inspiración, como decía Picasso, debe venir el sudor: sudar mucho y pelearte con lo que haces trabajando

P.- Visto que inicialmente trabajó en cerámica, ¿el artista debe ser un poco artesano?

R.- Absolutamente. Me identifico con grandes pintores, de Picasso al tándem MIR-Artigas, que estuvieron decorando porcelanas años y años. He pintado muchas cerámicas para sobrevivir. Ahora veo que conocer la disciplina del artesanome ha hecho un bien impagable en el campo de la pintura. Los procesos técnicos ya no me asustan. Y tengo la paciencia de ver como la obra sube poco a poco.

P.- Cuando ilustra libros, ¿se siente grafista?

R.- No me siento grafista ni ilustrador. Ante un papel de diez centímetros pongo la misma pasión que ante una tela de cuatro por cuatro. No me siento ni siquiera pintor. Soy un simple imitador del gran creador que es Dios.

P.- Usted nació en 1954 y pertenece a una generación de artistas… ¿Con qué pintores de su generación tiene más afinidad?

R.- No quiero entrar a decir unos nombres y menospreciar a otros. Todo el mundo que trabaja cada día en su estudio tiene un mérito increíble. Todos los que se arriesgan y han vivido su obra apasionadamente son dignos de admiración.

P.- Hoy podemos analizar mejor los detalles del Juicio Final de Michelangello digitalmente desde casa que estando en Roma, ¿eso significa que volveremos a Altamira o contaremos en un futuro inmediato con varios y nuevos soportes y canales para el arte?

R.- Altamira es un referente. Debemos echar la vista atrás de vez en cuando, sin dejar de mirar hacia delante, si no queremos sufrir ningún batacazo. Y el Juicio final, es mejor verlo en la Sixtina y olerlo, si te dejan.

Se hacen cosas muy buenas y se harán, con los soportes y canales que sea, porque el hombre está hecho a imagen del Creador. Tenemos capacidades que no nos podemos ni imaginar.

Fuente:

protestantedigital

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