Serán sorprendidos aquellos que no creen en el arrebatamiento

Serán sorprendidos aquellos que no creen en el arrebatamiento

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Hemos oído a muchos profetas y predicadores de estos tiempos decir que el arrebatamiento de la iglesia es un mito y que esa doctrina se ha propagado para detener la obra de predicación del evangelio en el mundo, porque todavía faltan muchas personas por evangelizar.

El apóstol Pedro, en su segunda carta capitulo 3:3-4, dice: “Sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencia, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación”.

Es muy lamentable que en esta etapa que nos ha tocado vivir, muchas iglesias y sectas ponen en duda el arrebatamiento de la Iglesia de Cristo, lo cual he oído a algunos de sus líderes, incluso supuestos profetas, hablando que no creen en eso, porque no pueden salir huyendo como las ratas y dejar de predicar el evangelio.

Al respecto, Pedro dice: “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

Y añade: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasaran con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del Día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados se fundirán! Pero nosotros esperamos, según su promesas, cielos nuevos y tierra, en los cuales mora la justicia”, 2 Pedro 3:8-13.

En estos tiempos, los cristianos que están preparados esperando al Señor, quienes participaran en el arrebatamiento tienen que mantenerse alertas, por las maquinaciones del maligno. “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostataran de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios”, 1 Timoteo 4:1.

En estos tiempos se han levantado falsos profetas que han querido contradecir al apóstol Pablo, en cuanto al arrebatamiento de la Iglesia, diciendo que eso no lo enseña la Biblia, pero están totalmente equivocados.

Al respecto, el apóstol Pablo dice: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo en Cristo resucitaran primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos ARREBATADOS juntamente con ellos en las nueves para recibir al Señor en el aire, y así estamos siempre con el Señor.

Y añade: “Pero acerca de los tiempos y las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparan”, 1 Tesalonicenses 4:16-17 y 5:1-3.

En cuanto a los falsos profetas, tanto a los de ahora como los del pasado, Jeremías 5:30-31, dice: “Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra; los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso. ¿Qué, pues, haréis cuando llegue el fin?

El profeta Jeremías, viendo la funesta conducta inmoral del pueblo, señala como culpables a los falsos maestros. Predicar, enseñar y profetizar mentira engendra una conducta horrible. Veamos los pasos producidos por el error:

Aquellos que debieran haber enseñado la verdad para formar un pueblo recto y moral habían traicionado su deber, convirtiéndose en los que con sus mentiras respaldaban cosas espantosas y feas en la tierra.

En lugar de denunciar el pecado para llevar al pueblo al arrepentimiento, lo que hacían era predecir prosperidad, salud y bienestar. El pueblo, hipnotizado por sus promesas falsas, tranquilamente continuaba pecando y alejándose de Dios.

Por su parte, los sacerdotes (pastores) flojamente dirigían por manos de ellos (por su propia autoridad) en lugar de seguir los principios dados por Dios en su Sagrada Palabra.

Adormecido espiritualmente, el pueblo no solo aceptaba su estado, así lo quiso. Le gustaba la prédica de profetas y pastores indulgentes que ni hacían demandas ni denunciaban el pecado, como está ocurriendo ahora.

Jeremías, al contrario, se quedaba asombrado: ¿Qué, pues, haréis cuando llegue el fin? Un día cada persona tendría que sufrir las consecuencias de esta indiferencia espiritual. ¡Cuán grande sería el juicio que les esperaba!

Dice la Biblia en Jeremías 6:13-14, “Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores. Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz. Jeremías se queja porque en vez de buscar a Dios, todo el mundo codicia lo material. Los sacerdotes y profetas, a causa de sus enseñanzas falsas, tenían la culpa.

Todo el pueblo, desde el más chico de ellos hasta el más grande, seguía el ejemplo de esos maestros espirituales falsos, todos buscaban las cosas de esta tierra en lugar de buscar lo eterno.

Pueblo de Dios, mantente alerta para que no seas engañado por los falsos profetas que proliferan por todo el mundo, y nuestro país no es una excepción.

Fuente:

La Biblia

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