Mantén tu sueño, y tu corazón

Mantén tu sueño, y tu corazón

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Lo interesante de la vida de José no es tan solo su capacidad de continuar soñando, sino el que podamos ver en este joven cómo no permite que su corazón se dañe. Hay dos cosas que tú debes mantener siempre en tu vida: Un grande sueño, y un corazón limpio. Mucha gente tiene grandes sueños, y aquellos que tienen fe y perseverancia los alcanzan. El problema de muchos es que, cuando los alcanzan, el corazón está tan dañado, que no pueden disfrutar de haber alcanzado el sueño.

“He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero.” Hechos 13:22b

Lo que hacía que Dios dijera que David tenía un corazón conforme al suyo, según esta Escritura, es que Dios sabía que David estaba dispuesto a hacer todo lo que Él le pidiera. Esto es lo que Dios ve en un corazón correcto. Cualquiera puede creer que Dios puede hacer cualquier cosa; la pregunta es si Dios podrá creer que todo lo que Él te pida tú lo vas a hacer, porque es esto lo que te hace conforme a su corazón.

Dios escoge personas que, en medio de los procesos, su corazón no se dañe. Dios no busca gente perfecta, gente que no peque; Él no está buscando santos para su obra. Dios está buscando gente dispuesta a luchar en contra del pecado, dispuestos a agradarle a Él; gente que, en medio del proceso, su corazón no se dañe. David, cada vez que era amonestado por Dios, se arrepentía, lloraba ante la presencia del Señor, pedía perdón, enmendaba. Cuando alguien tiene su corazón dañado, cuando peca, huye de Dios. Cuando tú tienes el corazón correcto, y fallas, corres hacia Dios.

El corazón de José era el correcto. Cuando miramos la interpretación de los sueños del panadero y del copero, vemos que José se conecta con el copero. En la vida, tú debes saber cuáles son los sueños de los que están a tu lado, para saber con quién tienes futuro y con quién no. Tu sueño va a levantar envidia, y no todos lo van a entender; pero, si tú interpretas los sueños de los que están a tu alrededor, tú sabes con quién tienes futuro. José le pide al copero que se acordara de él, porque él sabía que el copero saldría de allí. Pero, ¿cómo saber con quién relacionarse, sin oír siquiera los sueños? La gente se casa sin oír los sueños del otro. Tú tienes que ver si tú cabes en el sueño del otro.

El copero, el panadero y José tenían algo en común: Los tres eran servidores. José servía a Potifar, mientras que el copero y el panadero servían a Faraón. Sabemos que José fue encarcelado injustamente, pero no sabemos qué hicieron el copero ni el panadero para ofender a Faraón y que los pusieran allí para darles una lección. Del mismo modo, a veces, haces cosas que ni sabes, y Dios te pone en espera, en lo que tu vida se arregla, para entonces ver cómo será tu salida. A veces, caes en la casa del olvido porque, sin darte cuenta, de alguna manera has ofendido al Rey, a Aquel a quien sirves; tus sueños se detienen porque algo ha pasado en tu vida que no ha sido del agrado de Dios. Cuando entras en estos periodos, piensas que es lo último, que tu vida se va a acabar; pero no es así. A los hijos que Dios ama, Él los corrige. Si Potifar hubiera querido acabar con José, tenía la excusa perfecta para matarlo, pero Potifar sabía que José no había hecho nada malo, por lo que lo puso en aquel lugar. Mientras se dilucidaba el futuro del panadero y el copero, allí estaban estos tres hombres –el panadero, el copero y José – tres servidores. Tres hombres con las mismas características: Servían a alguien importante.

Lo interesante es que, contrario al panadero, en su sueño, el copero todavía se veía sirviendo a Faraón, se veía exprimiendo las uvas. El panadero, todo el pan que hacía, las aves se lo llevaban; no se veía cerca del Faraón. Cuando tú caes en la casa del olvido, lo único que tú nunca puedes perder es el deseo de servir al Rey. Lo que te saca de la cárcel del olvido no es que se pruebe o no tu inocencia, sino tu deseo de servir al Rey, a pesar de tus circunstancias. La gente que Dios restaura, que Dios levanta, no son los que no pecan, los santos, los perfectos, sino aquellos que, cuando se sienten olvidados por el mundo y por Dios, cuando parece que el sueño no se va a cumplir, todavía tienen el corazón correcto para decir: Algún día saldré de aquí y, cuando lo haga, voy a servir al Rey.

El problema con la gente en la iglesia es que, cuando su sueño no se cumple como pensaban, pierden el deseo de servir a Dios. Y lo peor que tú puedes hacer es permitirte perder el deseo de servir, de adorar al Rey; porque lo que te saca de la cárcel es tu deseo de servir. José estaba allí injustamente, pero le dijo al copero que se acordara de él cuando estuviese ante el rey, porque él saldría también a servir al rey. A pesar de lo que haya pasado, aunque estés en la cárcel del olvido por alguna injusticia, comoquiera, tú debes servir. Sigue haciendo tu trabajo como antes, y que tu deseo sea algún día salir de tu situación actual para poder servir al Rey.

Hayas perdido lo que hayas perdido, no pierdas nunca tu gran sueño ni tu corazón. Si tienes un sueño, y tienes corazón, tu vida va a ser diferente, en tres días saldrás de la cárcel, y podrás servir al Rey.

Fuente:

Pastor Otoniel Font

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