Lo que Dios quiere de mí

Lo que Dios quiere de mí

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Porque el propósito de Dios de crearnos era para que nosotros lo pudiéramos glorificar en todo momento y para que tuviéramos un corazón limpio, que fuéramos puros y perfectos para amarlo y servirle en perfecta santidad y le fuéramos fieles. Nosotros somos la joya de su creación.

Lo que Dios quiere de nosotros es nuestro bien, aquello que nos permita alcanzar una vida plena, sana, justa, bella. Si hacemos lo que Él nos dice en su Palabra podemos empezar el camino que nos permita descubrir lo que Dios quiere de cada uno de nosotros.

Dios quiere le busquemos y le hallemos
Dios quiere que le glorifiquemos y le demos gracias
Dios quiere que le amemos de todo corazón
 

El punto de partida es reconocer que Dios me ama. En otras palabras, lo primero que Dios quiere es mi propio bien, mi propia felicidad, mi propia existencia. Empezar a vivir una vida que tenga sentido, preguntándonos que es lo Dios desea de mí. ¿Hacia dónde Dios quiere dirigir mis pasos para recorrer el camino que Él tiene preparado para mí?

 

En ocasiones cuesta. Pero si reconocemos que Dios es un Padre bueno, aquello que nos propone será visto como lo que es: un camino para avanzar en el amor, una invitación a vivir un poco aquí en la tierra como viviremos en el cielo junto a Él, si actuamos como auténticos discípulos e hijos Suyos.

 

Esta meditación nació al estar confrontado a mis alumnos de teología en un penal. Estábamos terminando la materia “Vida de Jesús” y les dije: Es tan importante la obra de Jesús en la tierra que me ha inspirado a escribir esta meditación por el puro gozo de reconocer Su obra expiatoria y redentora aquí en la tierra. Y que para salvarlos a ustedes y a mí tuvo que morir en una cruz, y sufrir todo clase de vituperio, el Justo muriendo por el pecador.

Génesis 6:5 “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”.

Por el pecado original el hombre se corrompió completamente, “¿Cómo iba a estar Dios airado con la más excelente de sus criaturas, cuando le complacen las más ínfimas e insignificantes cosas de su creación? Es que Él está enojado, no con su obra, sino con la corrupción de la misma. Así pues, si se dice con razón que el hombre, por tener corrompida su naturaleza, es naturalmente abominable a los ojos de Dios, con toda razón también podemos decir que es naturalmente malo y vicioso. Y san Agustín no duda en absoluto en llamar naturales a nuestros pecados a causa de nuestra naturaleza corrompida, pues necesariamente reinan en nuestra naturaleza cuando la gracia de Dios no está presente.

Nuestros corazones se han endurecido, Pero Dios nos hace una promesa desde el Antiguo Testamento como lo vemos en Ezequiel 11:19-20. Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, 20 para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios. 19 y les daré…Para que ellos no reclamen para si la alabanza del v. 18, Dios declara que ha de ser un don libre de su Espíritu. Un corazón- no sin sinceridad, es decir, rectitud, sino unidad de corazón en todo en aquel entonces, cuando solo individualmente buscarán a Dios en contraste con su estado en aquel entonces, cuando o sólo individuos aislados lo buscaban (Jer 32:39; Sofonías 3:9). O “contentos con un Dios”, no distraídos con “muchas abominaciones” (v. 18; 1 R 18:21; Os 10:2). (Calvino). Espíritu nuevo (Sal 51:10; Jer 31:3). Cumplido plenamente en la “nueva criatura” del Nuevo Testamento (2 Co. 5:17). Habiendo motivos nuevos, reglas nuevas ideales nuevos. Corazón de piedra duro como el “diamante” (Zac 7:12); el corazón natural de todo hombre. Corazón de carne – sensible a lo bueno, lo tierno.

¿Cuál debe de ser nuestra actitud ante tal situación?

Nuestra actitud debe de ser anhelar un cambio, llegar a ser lo que Dios quiere de nosotros. El ejemplo lo podemos ver en el libro de los Salmos:

Salmos 51-10 “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí”.

David, era un hombre pecador al igual que nosotros, hasta había cometido el asesinato de Urías por su adulterio con Betsabé, sabía bien hasta qué grado llega la maldad del hombre, pero había una gran diferencia, él siempre se arrepentía y buscaba a Dios, y se arrepentía de corazón y se arrodillaba ante Dios para pedir perdón y le suplicaba siempre a Dios que le mostrara el camino para poder cambiar. David a pesar de sus defectos era un hombre enamorado de Dios.

“Sobre la ocasión el Salmo ilustra el verdadero arrepentimiento, en el que se comprenden la compunción, confesión, tristeza, súplica de misericordia, y la resolución de enmendarse, acompañado con una viva fe”

Esta debe de ser la actitud de todos nosotros, rogarle a Dios a que nos muestre el camino a seguir para ser como Él quiere que seamos.

El apóstol Pedro nos muestra como es nuestra actitud de pecadores en la vida real:

2 Pedro 2:2-11 “Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, 3 y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme. 4 Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; 5 y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos; 6 y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente, 7 y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados 8 (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos), 9 sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio; 10 y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores, 11 mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor”.

“La fe une verdaderamente a Cristo con el creyente débil y con el fuerte y purifica realmente el corazón de uno y del otro; todo creyente sincero es justificado a ojos de Dios por su fe. La fe obra santidad y produce efectos en el alma que ninguna otra gracia puede producir. En Cristo habita toda la plenitud y el perdón, la paz, la gracia y el conocimiento, y los nuevos principios son así dados por medio del Espíritu Santo”

¿Entonces como hacer para vivir una vida que agrade a Dios y comprender lo que Él quiere de mí?

Recibir al Señor Jesús. Él es nuestra única oportunidad para ser como Dios quiere que seamos, debido a nuestro pecado y corazones endurecidos, envió a su Hijo para darnos la salvación y perdón de pecados.

Juan 1:9-13 “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. 10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.

Lo que dice el evangelista acerca de Cristo prueba que Él es Dios. Afirma su existencia en el comienzo; su coexistencia con el Padre. El Verbo estaba con Dios. Todas las cosas fueron hechas por Él, y no como instrumento. Sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho, desde el ángel más elevado hasta el gusano más bajo. Esto muestra cuán bien calificado estaba para la obra de nuestra redención y salvación. La luz de la razón, y la vida de los sentidos, deriva de Él, y depende de Él. Este Verbo eterno, esta Luz verdadera resplandece, pero las tinieblas no la comprendieron. Oremos sin cesar que nuestros ojos sean abiertos para contemplar esta Luz, para que andemos en ella; y así seamos hechos sabios para salvación por fe en Jesucristo.

El Cordero perfecto, el que era sin pecado se hizo pecado para darnos la salvación, y darnos vida, y vida en abundancia. Pedro nos dice las bendiciones de tener a Cristo como nuestro Señor:

2 Pedro 1:2-8 “Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. 3 Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, 4 por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; 5 vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; 6 al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; 7 a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. 8 Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo”.

“La fe une verdaderamente a Cristo con el creyente débil y con el fuerte y purifica realmente el corazón de uno y del otro; todo creyente sincero es justificado a ojos de Dios por su fe. La fe obra santidad y produce efectos en el alma que ninguna otra gracia puede producir. En Cristo habita toda la plenitud y el perdón, la paz, la gracia y el conocimiento, y los nuevos principios son así dados por medio del Espíritu Santo”.

Si usted ha leído esta meditación y todavía no ha recibido a Cristo como su salvador personal, este el momento que lo haga, solo invítelo a entre a morar en su corazón, solo tiene que hacer una pequeña oración arrepintiéndose de todos sus pecados, y Él le abrirá sus brazos para ser el Señor de su vida.

Fuente:

pastor José Alberto Vega

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