Las pruebas

Las pruebas

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Los últimos 31 años de mi vida los he pasado con una enfermedad crónica que me ha ido deteriorando todo mi cuerpo debido a los tratamientos médicos para poder tener una vida un poco normal.

Fue en el principio de mi enfermedad que tuve un encuentro con Jesús. Me sentía que estaba en hoyo tan profundo, que mi vida ya no tenía sentido. Pero el Señor ocupó a una tía mía, que había sido como mi segunda mamá, para hacer la obra en mí.

Hoy las cosas se han ido poniendo peor, mi cuerpo, debido por el tratamiento tan largo, se ha ido deteriorando más y más, hoy ya tengo problemas renales, del hígado y del corazón y siempre continúo padeciendo la enfermedad inicial. Pero en el transcurso de esta enfermedad he tenido la oportunidad de conocer más de cerca a mi Señor, Él me ha preparado y me tiene sirviéndole a tiempo completo. Me ha dado dos preciosos hijos y ha llenado mi vida de mucho gozo y paz.

He visto que entre más débil soy, más fuerte es Él, como dice el apóstol Pablo: “…pero de mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades. Sin embargo, si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad; pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de mí. Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. (2 Corintios 12:5-10).

El oro para ser purificado debe pasar por el fuego… y el ser humano necesita pruebas para pulir su carácter. Pero lo más importante es: Como reaccionamos frente a las pruebas.

Una hija se quejaba a su padre acerca de su vida y como las cosas le resultaban tan difíciles.

No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.” (Santiago 1:1-6)

Su padre, un chef de cocina, la llevo a su lugar de trabajo. Allí lleno tres ollas con agua y las coloco sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo.

En una coloco zanahorias, en otra coloco huevos y en la última coloco granos de café. Las dejo hervir sin decir palabra.

La hija espero impacientemente, preguntándose que estaría haciendo su padre.

A los veinte minutos el padre apago el fuego. Saco las zanahorias y las coloco en un bowl. Saco los huevos y los coloco en otro bowl. Coló el café y lo puso en un tercer bowl.

Mirando a su hija le dijo: “Querida, ¿que ves?” “Zanahorias, huevos y café” fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y noto que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cascara, observo el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

Humildemente la hija pregunto: “¿Que significa esto, Padre?” Él le explico que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente.

La zanahoria llego al agua fuerte, dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto blanda, débil, fácil de deshacer.

El huevo había llegado al agua frágil. Su cascara fina protegía su interior liquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.

Los granos de café sin embargo eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.

“¿Cual eres tú?”, le pregunto a su hija. “Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?” ¿Y cómo eres tú, amigo? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ?eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido? ¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor.

Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tu reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

¿Cómo manejas la adversidad? ?Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?

Yo he decido servir a Cristo, sin importar el dolor y la enfermedad, pues entre más débil soy, más fuerte soy.

¿Y tú que quieres ser?

“Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. “(Romanos 5:3-6)

Fuente:

Elsie Vega

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