La obra de Dios es maravillosa

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El Señor Jesús usa en ésta ocasión un cultivo conocido por todos en tierras orientales (la vid), y mediante este ejemplo enseña verdades espirituales que son esenciales en la vida cristiana. Dios usa todos los medios necesarios para enseñarnos, pues su voluntad es bendecirnos.

La obra de Dios es maravillosa y sorprendente

“Yo soy la vid verdadera, y Mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en Mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto. Ustedes ya están limpios por la palabra que les he hablado” Juan 15:1-3.

Podemos ver según el contexto del pasaje bíblico de hoy varios detalles importantes: el Señor Jesús está en el aposento alto con sus discípulos solamente, es entonces una enseñanza en la comunión íntima con el Maestro (debemos tener presente que Dios nos llama a esa intimidad, y allí nos enseñará secretos de su corazón, son aquellas cosas que ojo no vio, ni oído oyó antes).

El Señor Jesucristo es la vid verdadera (desde el griego significa: veraz, genuina), es pues la vid que genera verdadera vida, es la que sacia realmente el corazón humano. De manera implícita podemos decir entonces que hay falsas “vides”, pueden ser los ídolos, las drogas, la vida desenfrenada, el alcohol, entre muchos otros, cosas en las cuales el hombre quiere saciar la sed de su ser, pero más bien vive un mayor vacío, esto se debe a que solo Jesucristo puede llenar realmente el corazón humano.

Por naturaleza el viñador es quien prepara la tierra, la siembra, la riega y cuida los cultivos. En éste caso el Padre celestial es el viñador o labrador (es decir es quien cuida la viña, él hace la poda, etc).

Cada uno de nosotros estamos representados en los pámpanos, estos son los canales que alimentan el proceso del fruto, y sostienen las uvas. Como está escrito algunos son quitados por falta de fruto, y otros son limpiados para llevar así más fruto.

La poda se realiza con el cuchillo y la tijera. Las ramas secas y estériles, para nada útiles, son cortadas. La vid no presenta resistencia alguna (podemos recordar aquí la frase de Isaías: “como cordero fue llevado al matadero, enmudeció, no abrió su boca”). Es aquella obra donde el Padre celestial quiere quitar de nosotros lo que no sirve a sus planes.

El Señor Jesús les dijo a sus discípulos: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado”. Uno de los símbolos de la Palabra de Dios es precisamente el agua, lo vemos por ejemplo en el Salmo uno que nos dice: “Bienaventurado aquel cuya delicia es la ley de Jehová… será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo… y todo lo que hace prosperará”.

Cuán grande y hermoso es el poder de Su palabra, pues refleja nuestra genuina condición y nos permite limpiar los pecados en la sangre del Cordero de Dios. Haz tu maravillosa obra Dios en cada uno de nosotros.

Fuente:

Pastor Gonzalo Sanabria

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