Disciplina para ministrar

Disciplina para ministrar

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La disciplina es una acción primordial, una demanda natural de Dios hacia todo ministro o levita responsable de oficiar el servicio de adoración al Señor. Esta clase de disciplina comprende auto negación y preparación seria, esencialmente en la oración, el estudio bíblico, y la adoración. De igual manera el levita diligente debe buscar la santidad de Dios en su vida.

Observemos lo que dice la Biblia sobre la santidad:
Ef. 5:8 Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz.

Col. 3:12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia.

1 P. 1:15 “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir”

En estos versos podemos ver que cada uno es responsable de buscar la santidad, que ésta no nos cae del cielo sino que es consecuencia de una búsqueda personal.

En 2º de Crónicas 5:1-14 se destaca la importancia de la dedicación al templo que había construido el rey Salomón, el cual se había destinado para la adoración. Los levitas debían saber que ese lugar era donde estaba su deleite destinado al gozo, como dice el Salmo 87:7:

Y cantores y tañedores en ella dirán: Todas mis fuentes están en ti.

Podemos ver aquí que el esfuerzo, ánimo y corazón de un levita es la adoración a Dios. El templo es símbolo del perdón, la gracia y la misericordia divina, por esta razón el levita debe entender claramente y enseñar al pueblo que este es el lugar en el que la oración es un vínculo para con el Padre. Te pregunto: ¿Es esta tu motivación cuando te dispones a ministrar? Recuerda que la disciplina esta unida con la consagración, y que cuando esta falta, la iglesia pasa por una etapa de esterilidad, ¡debido a la ausencia de gloria! Esto no debe ser así; el servicio tiene que ser glorioso.

En 2º Cr. 5:4 leemos lo siguiente:

“Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel, y los Levitas tomaron el arca”.

Esto muestra que fue necesario usar las manos para tal propósito. Te pregunto: ¿Cómo están tus manos? ¿Acaso tomas de lo inmundo y luego tomas el arca? Jamás se te olvide que las manos son el reflejo de tu conducta cristiana, la cual debe ser digna del Dios al cual servimos.

En nuestra época, es un hecho, estamos frente a la adulteración de lo santo con lo inmundo, de lo que muchos músicos participan. De igual manera vemos a la iglesia participando de lo inmundo y luego llegando al lugar de reunión para “alabar a Dios” como si nada hubiera pasado, sin ningún temor de Dios en sus vidas. Lo peor de todo, es que la santidad de muchos de los llamados levitas, músicos o salmistas, está diluyéndose junto con buena la de buena parte de la iglesia.

El llamado de Dios para ministrar es primero para los levitas y sacerdotes. Observa lo que dice el verso 12:

“Y los levitas cantores, todos los de Asaf, los de Hemán, y los de Jedutún, juntamente con sus hijos y sus hermanos, vestidos de lino fino, estaban con címbalos y salterios y arpas al oriente del altar; y con ellos ciento veinte sacerdotes que tocaban trompetas”

Nuestro ministerio como levitas esta enfáticamente especificado. Sin embargo hoy en día algunos músicos no se distinguen, no se sabe si son parte del grupo o no. La falta de disciplina en sus vidas los lleva a una irresponsabilidad en su trabajo ministerial, lo que se refleja, por poner un ejemplo, en sus constantes ausencias al grupo de alabanza sin notificar. Estos aparecen de repente después de unas “vacaciones” y pretenden volver a ministrar como si nada hubiera pasado. Esta clase de músicos agreden la reputación del ministerio porque no se puede contar con ellos. Y son los indisciplinados, que hasta se autodenominan “apóstoles”, “misioneros” o “evangelistas”, dándose el lujo de adjudicarse el titulo que les place, menos el de cumplidores de su ministerio de adoradores salmistas. Esto no debe ser así, cada adorador debe estar comprometidos íntegramente, al cien por ciento, dando su vida al Señor en el ministerio donde fue establecido.

En conclusión, el capítulo que tomamos como base, muestra una estrecha relación estrecha entre el alzar la voz y la disciplina para ministrar, que se manifiesta en un crecimiento continuo. El crecimiento es una expresión de madurez en el ministerio que viene como parte de una vida disciplinada. Esto aplica particularmente al ministro, sea levita, músico, salmista, o grupo de alabanza.

Te animo a que no te estanques. Al contrario, sigue hacia lo alto, fomenta la disciplina, hazlo en unidad, recuerda que somos llamados a ser santos, apartados para ministrar, llevando los utensilios del Señor.

Fuente:

Chuy Garcia

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