Dios no te dice que no

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Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar?” Mateo 17:17

Por lo general, somos nosotros quienes decimos “¿hasta cuándo?”, cuestionando a Dios. Esta expresión la vemos en repetidas ocasiones a través de la Biblia, tanto de Dios hacia el hombre, como del hombre hacia Dios. Cuando es el hombre quien la dice, es expresando su frustración porque sus expectativas no han sido cumplidas en el tiempo que deseaba. De la misma manera, en ocasiones, fue Dios quien tuvo algo de frustración hacia el hombre.

En Mateo 17, le habían llevado a los discípulos un niño lunático, y no lo pudieron sanar, y se lo tuvieron que llevar a Jesús, y él dijo “¿hasta cuándo?”, ¿hasta cuándo tendrían que llevarle a él los casos para que él los resolviera, cuando los discípulos deberían resolverlos ya? A veces, nos sentimos frustrados con Dios, pero ¿cuántos de nosotros habremos frustrado a Dios? Con nuestras actitudes, con nuestros pensamientos, con nuestros pecados, con nuestros errores, tenemos a Dios frustrado. La frustración es algo tan humano, que se nos hace difícil pensar que Dios la pueda experimentar, pero frustración no es otra cosa que tener una expectativa de algo, y no verla cumplida en el tiempo deseado. Y, a veces, deberíamos estar ya en un nivel de madurez, pero todavía no lo hemos alcanzado, no hemos cumplido todavía la expectativa de Dios para nuestra vida. Lo que se requiere de nosotros son unas buenas decisiones, y vivir la vida al nivel que Dios quiere que la vivamos, para que no sea Él quien diga de nosotros: ¿Hasta cuándo?

La frustración no es tan mala como puede parecer. Nadie quiere estar frustrado, pero es mejor alguien un poco frustrado, que alguien totalmente conformado, porque frustración lo que demuestra es que hay expectativa de algo. La frustración llega porque no se ha alcanzado lo que se quería en el tiempo deseado, pero al menos se está esperando algo; lo importante es perseverar hasta el tiempo en que se cumpla y se complete lo que se espera. Pero hay quien, por evitar la frustración, opta por la conformidad del estatus quo, por no experimentar la presión de la expectativa. Cuando estamos frustrados, parece que vamos a perder la cabeza, porque estamos viviendo unas cosas, pero esperando otras, y no creemos que lo vayamos a experimentar en el tiempo que quisiéramos.

A veces, experimentamos un poco de un nuevo y más alto nivel, y después siempre deseamos experimentarlo, siempre lo esperamos; y, a veces, pensamos que hubiera sido mejor no experimentarlo, porque entonces ahora lo queremos siempre, pero no sabemos cuántas veces lo vamos a tener o cuánto tendremos que esperar para tenerlo, y es entonces que nos conformamos. Pero es mejor alguien frustrado, que alguien cómodo. Alguien cómodo no tiene ya ninguna esperanza, ya ha hecho todos sus ajustes y ha dado todas sus justificaciones para quedarse donde está; mientras que alguien frustrado nos deja saber que espera algo más, tiene expectativa y sabe que hay algo mejor para su vida que lo que está experimentando. No es tan malo el “¿hasta cuándo?” porque dice que hay algo que tú estás esperando y que lo que estás viviendo ya tú has decidido que no es el final de tu vida. No es tan malo estar un poco frustrado, lo que no puedes hacer es volver al pasado, a la conformidad, porque la frustración es un tanto complicada, te hace tener estrés, ansiedad, pero lo que demuestra es que todavía hay algo dentro de ti que está creyendo que todo puede cambiar. Cuando Cristo dice “¿hasta cuándo?”, lo que está diciendo es que los discípulos tienen posibilidad de cambiar. De la misma manera, tú tienes posibilidad de cambiar; Dios no se ha rendido contigo.

Si hay algún pensamiento de comodidad en tu vida, si te has acomodado y estancado por evitar vivir ese momento de frustración, sal de la comodidad de acostumbrarte a aquellas cosas para las que tú no has sido creado. Haz lo que tienes que hacer, a pesar de la frustración, porque pronto vas a ver el resultado que Dios tiene para tu vida. Hay algo más grande que Dios tiene para ti.

La frustración viene de diferentes lugares. En Lucas 15, la palabra nos habla del hijo pródigo, quien sale de su casa y desperdicia su herencia. El hermano mayor permanece en su casa y no desperdicia el dinero, pero por dentro está frustrado. Por eso, cuando el hermano menor regresa y el padre celebra, el hermano mayor va a quejarse ante su padre, y le dice: Siempre te he servido, y no me has dado nada. El padre le dice: Todo lo que tengo es tuyo, pudieras haber tomado lo que quisieras. Y esa es la situación de muchos en la iglesia, que por no tener la consciencia correcta de fe y de expectativa, una consciencia de que Dios es su Padre, un padre generoso y dispuesto a darte todo lo que tú necesitas, tienes entonces una mentalidad de esclavo, y le sirves a Dios frustrado, sin pedirle, sin desear, sin aspirar, por no entender que todo lo que tenías que hacer era pedir. La diferencia entre estos hermanos fue que el menor se atrevió a pedir; el mayor vivió siempre en frustración, por no haberse atrevido a pedir.

No guardes frustración dentro de ti, no escondas nada de lo que tú deseas que Dios te dé, porque Dios no te dice que no; lo peor que Él te puede decir es “todavía”, o “tengo algo mejor para tu vida”. Atrévete a acercarte a Él, sabiendo que su puerta está abierta para ti. La frustración solo se va, cuando tú te atreves a pedir.

Fuente:

Pastor Otoniel Font

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