Dejemos que la Palabra de Dios guíe nuestros pasos

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“Tu palabra es una lámpara para mi pie, y una luz para mi vereda.” (SALMO 119:105.)

¿Por qué han fracasado la mayoría de los seres humanos en cuanto a hallar paz y felicidad verdaderas?

¿RECUERDA alguna ocasión en que tuvo que preguntar a alguien cómo llegar a un sitio? Puede que se encontrara cerca, pero no estuviera seguro del lugar exacto. O quizá se hallara totalmente perdido y necesitara cambiar por completo de dirección. ¿Verdad que lo más prudente fue seguir las indicaciones de esa persona? Claro que sí, pues conocía la zona y podía ayudarle a llegar a su destino.

El hombre lleva miles de años trazando su propio rumbo en la vida sin la ayuda divina. Pero sin ella, los seres humanos imperfectos están totalmente perdidos: son incapaces de encontrar el camino de la paz y la felicidad verdaderas. ¿Por qué? Hace más de dos mil quinientos años, el profeta Jeremías declaró: “No pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso” (Jeremías 10:23). Todo el que trata de dirigir sus propios pasos sin aceptar la ayuda de alguien cualificado se ve condenado al fracaso. Está claro, pues, que la humanidad necesita guía.

¿Por qué es Jehová el más cualificado para guiar a los seres humanos, y qué nos promete?

Jehová Dios es la persona más cualificada del universo para darnos la guía que necesitamos. ¿Por qué razón? Porque él nos conoce mejor que nadie. No solo sabe muy bien cómo se extraviaron los seres humanos, sino también lo que necesitan para volver al buen camino. Además, Jehová es nuestro Creador, así que siempre sabe qué es lo que más nos beneficia (Isaías 48:17). Por lo tanto, podemos tener plena confianza en la promesa divina que leemos en Salmo 32:8: “Te haré tener perspicacia, y te instruiré en el camino en que debes ir. Ciertamente daré consejo con mi ojo sobre ti”. No cabe ninguna duda: la guía de Jehová es la mejor. Ahora bien, ¿cómo nos guía él?

¿Cómo nos guían los dichos de Dios?

Un salmista expresó lo siguiente en una oración a Jehová: “Tu palabra es una lámpara para mi pie, y una luz para mi vereda” (Salmo 119:105). Las declaraciones y recordatorios de Dios se encuentran en la Biblia y nos ayudan a superar los obstáculos que puedan alzarse en nuestro camino. Cuando leemos la Biblia y nos dejamos guiar por ella, se cumplen en nosotros las palabras de Isaías 30:21: “Tus propios oídos oirán una palabra detrás de ti que diga: ‘Este es el camino. Anden en él’”.

Pero observemos que Salmo 119:105 señala que la Palabra de Dios cumple dos funciones relacionadas. En primer lugar, es una lámpara para nuestro pie. Si al enfrentarnos a los problemas del día a día dejamos que los principios bíblicos guíen nuestros pasos, tomaremos decisiones prudentes y evitaremos las trampas y los peligros de este mundo. En segundo lugar, los recordatorios de Dios alumbran nuestra vereda; nos ayudan a elegir opciones que estén en armonía con nuestra esperanza de vivir para siempre en el Paraíso que Dios ha prometido. Estando bien iluminada la vereda que se extiende ante nosotros, podemos discernir si las consecuencias de cierto proceder serán buenas o malas (Romanos 14:21; 1 Timoteo 6:9; Revelación [Apocalipsis] 22:12). Veamos con más detenimiento la forma en que los dichos de Jehová, que se hallan en la Biblia, son una lámpara para nuestro pie y una luz para nuestra vereda.

“Una lámpara para mi pie”

¿En qué circunstancias pueden ser los dichos de Dios como una lámpara para nuestro pie?

Todos los días tomamos decisiones. Algunas son de poca importancia, al menos a simple vista, pero a veces nos enfrentamos a situaciones que ponen a prueba nuestra pureza moral, honradez y neutralidad. A fin de superarlas con éxito, debemos tener las “facultades perceptivas entrenadas para distinguir tanto lo correcto como lo incorrecto” (Hebreos 5:14). Al adquirir conocimiento exacto de la Palabra de Dios y aumentar nuestro entendimiento de sus principios, educamos nuestra conciencia para tomar decisiones que agraden a Jehová (Proverbios 3:21).

Exponga una situación en la que un cristiano pueda sentirse inclinado a salir con compañeros de trabajo no creyentes.

Pensemos en un ejemplo. ¿Es usted una persona adulta que procura sinceramente regocijar el corazón de Jehová? (Proverbios 27:11.) Eso es encomiable. Pero imagine por un instante que algunos compañeros de trabajo le ofrecen un boleto para un espectáculo deportivo. A ellos les agrada su compañía y les gustaría pasar un buen rato con usted fuera del ambiente laboral. Tal vez usted esté convencido de que son buenas personas. Incluso es posible que, hasta cierto punto, tengan buenos principios morales. ¿Qué hará usted? ¿Habría algún peligro en aceptar la invitación? ¿Cómo puede ayudarle la Palabra de Dios a tomar una decisión prudente?

¿Qué principios bíblicos nos ayudan a razonar tocante a la cuestión de las compañías?

Repasemos algunos principios bíblicos. El primero que quizás se nos ocurra es el que se halla en 1 Corintios 15:33: “Las malas compañías echan a perder los hábitos útiles”. ¿Nos obliga este principio a evitar por completo a quienes no son cristianos verdaderos? La respuesta que da la Biblia es que no. Al fin y al cabo, el propio apóstol Pablo demostró amor “a gente de toda clase”, incluidos los no creyentes (1 Corintios 9:22). La naturaleza misma del cristianismo exige que nos interesemos por las demás personas, entre ellas las que no comparten nuestras creencias (Romanos 10:13-15). En realidad, ¿cómo podríamos seguir el consejo de “obr[ar] lo que es bueno para con todos” si nos aisláramos de quienes tal vez necesiten nuestra ayuda? (Gálatas 6:10.)

¿Qué consejo bíblico nos ayuda a ser equilibrados en nuestra relación con los compañeros de trabajo?

Sin embargo, una cosa es ser amable con un compañero de trabajo y otra muy distinta entablar una relación estrecha con esa persona. Aquí es donde entra en el cuadro otro principio bíblico. El apóstol Pablo advirtió a los cristianos: “No lleguen a estar unidos bajo yugo desigual con los incrédulos” (2 Corintios 6:14). ¿Qué significa la expresión “no lleguen a estar unidos bajo yugo desigual”? Algunas Biblias la vierten “no se unan”, “no traten de caminar juntos” o “no tengan relaciones indebidas”. ¿En qué punto se vuelve indebida la relación con un compañero de trabajo? ¿Cuándo se convierte en un yugo desigual? ¿Dónde está la línea divisoria? La Palabra de Dios, la Biblia, puede dirigir su paso en una situación como esta.

¿Cómo eligió Jesús a sus amigos? b) ¿Qué preguntas nos ayudan a tomar buenas decisiones en cuanto a las compañías?

Pensemos en el ejemplo de Jesús, quien se encariñó con los seres humanos desde el momento en que fueron creados (Proverbios 8:31). Cuando estuvo en la Tierra, forjó una relación estrecha con sus discípulos (Juan 13:1). Incluso “sintió amor” por un hombre que tenía ideas religiosas erróneas (Marcos 10:17-22). Pero Jesús también estableció límites claros al elegir a sus amigos, pues no entabló ninguna relación estrecha con nadie que no estuviera sinceramente interesado en hacer la voluntad de su Padre. De hecho, en una ocasión afirmó: “Ustedes son mis amigos si hacen lo que les mando” (Juan 15:14). Quizá usted se lleve bien con cierto compañero o compañera de trabajo, pero pregúntese: “¿Está dispuesta esa persona a hacer lo que Jesús dice? ¿Desea conocer a Jehová, aquel al que Jesús nos mandó adorar? ¿Tiene las mismas normas morales que tengo yo como cristiano?” (Mateo 4:10). Las respuestas se harán evidentes al hablar con sus compañeros de trabajo y observar cómo reaccionan ante su insistencia en obedecer las normas bíblicas.

Mencione situaciones en que los dichos de Dios deben guiar nuestros pasos.

Hay muchas otras situaciones en que los dichos de Dios pueden ser como una lámpara para nuestro pie. Por ejemplo, imagine que a un cristiano desempleado se le ofrece un puesto de trabajo que de veras necesita. Ahora bien, el horario es exigente, y si acepta el empleo, tendrá que faltar a bastantes reuniones y perderse otras actividades relacionadas con la adoración verdadera (Salmo 37:25). Otro cristiano podría sentir la fuerte tentación de ver películas o programas que claramente violan los principios bíblicos (Efesios 4:17-19). Y otro tal vez sea propenso a ofenderse por las imperfecciones de sus hermanos en la fe (Colosenses 3:13). En todos estos casos debemos dejar que la Palabra de Dios sea una lámpara para nuestro pie. Si seguimos los principios bíblicos, podremos afrontar cualquier dificultad en la vida, pues la Palabra de Dios es “provechosa para enseñar, para censurar, para rectificar las cosas, para disciplinar en justicia” (2 Timoteo 3:16). “Una luz para mi vereda”

¿En qué sentido son los dichos de Dios una luz para nuestra vereda?

En Salmo 119:105 también se señala que los dichos de Dios alumbran nuestra vereda, es decir, la senda que se extiende ante nosotros. No estamos a ciegas respecto al futuro, pues la Biblia explica el significado de las penosas condiciones mundiales y en qué terminarán. En efecto, nos damos cuenta de que vivimos en “los últimos días” de este sistema de cosas malvado (2 Timoteo 3:1-5). Saber lo que encierra el futuro debe tener profunda influencia en cómo vivimos el presente. El apóstol Pedro escribió: “Puesto que todas estas cosas así han de ser disueltas, ¡qué clase de personas deben ser ustedes en actos santos de conducta y hechos de devoción piadosa, esperando y teniendo muy presente la presencia del día de Jehová[!]” (2 Pedro 3:11, 12).

¿Cómo debe influir la urgencia del tiempo en que vivimos en nuestro modo de pensar y de vivir?

Nuestro modo de pensar y de vivir debe reflejar que estamos convencidos de que “el mundo va pasando, y también su deseo” (1 Juan 2:17). Los consejos bíblicos nos ayudarán a decidir sabiamente qué metas vamos a ponernos. Por ejemplo, Jesús declaró: “Sigan, pues, buscando primero el reino y la justicia de Dios, y todas estas otras cosas les serán añadidas” (Mateo 6:33). Son dignos de elogio los numerosos jóvenes que demuestran su confianza en estas palabras emprendiendo el ministerio de tiempo completo. Otros Testigos —a veces familias enteras— se han mudado a países con una apremiante necesidad de proclamadores del Reino. 

¿Cómo amplió su ministerio una familia cristiana?

Pensemos en una familia cristiana de cuatro miembros que se mudó de Estados Unidos a la República Dominicana para servir en una ciudad de 50.000 habitantes. Aunque la congregación tiene unos ciento treinta publicadores, el 12 de abril de 2006 asistieron nada menos que 1.300 personas a la Conmemoración de la muerte de Cristo. En ese territorio, los campos están tan “blancos para la siega” que al cabo de apenas cinco meses, el padre, la madre, el hijo y la hija ya conducían un total de treinta estudios bíblicos (Juan 4:35). El padre explica: “En la congregación hay treinta hermanos que han venido a ayudar. Unos veinte son de Estados Unidos, y el resto procede de las Bahamas, Canadá, España, Italia y Nueva Zelanda. Llegan ansiosos por salir al ministerio y han avivado muchísimo el entusiasmo de los hermanos locales”.

¿De qué bendiciones ha disfrutado usted por dar prioridad en su vida a los intereses del Reino?

15 Por supuesto, muchos no pueden mudarse a un país con mayor necesidad de proclamadores del Reino. Pero los que puedan hacerlo —o puedan ajustar sus circunstancias para ello— cosecharán numerosas bendiciones. Y sin importar dónde usted viva, no se pierda el gozo que todos sentimos al servir a Jehová con todas nuestras fuerzas. Si da prioridad a los intereses del Reino, Jehová promete derramar sobre usted “una bendición hasta que no haya más carencia” (Malaquías 3:10).

Beneficios de seguir la guía de Jehová

¿Cómo nos beneficiamos al dejarnos guiar por los dichos de Dios?

Como hemos visto, los dichos de Jehová nos guían de dos maneras relacionadas entre sí. Primero, son una lámpara para nuestro pie, pues nos ayudan a avanzar en la dirección correcta y nos dirigen a la hora de tomar decisiones. Segundo, alumbran la senda que se extiende ante nosotros, de modo que podamos verla con claridad. Esto, a su vez, nos ayuda a seguir la exhortación del apóstol Pedro: “Fortifiquen su mente para actividad, mantengan completamente su juicio; pongan su esperanza resueltamente en la bondad inmerecida que ha de ser traída a ustedes en la revelación de Jesucristo” (1 Pedro 1:13).

¿Cómo nos ayudará el estudio de la Biblia a seguir la guía divina?

No hay duda de que Jehová nos guía. La pregunta es: ¿nos dejaremos guiar por él? A fin de comprender sus instrucciones, resuélvase a leer la Biblia todos los días. Medite en lo que lea, procure percibir cuál es la voluntad de Jehová en cada asunto y piense en distintos modos en que pudiera aplicar los principios bíblicos (1 Timoteo 4:15). Luego, use su “facultad de raciocinio” al tomar decisiones (Romanos 12:1).

¿Qué bendiciones recibimos cuando nos dejamos guiar por la Palabra de Dios?

Si permitimos que los principios de la Palabra de Dios nos iluminen y nos guíen, tomaremos decisiones acertadas. Podemos estar seguros de que la Palabra escrita de Jehová “hace sabio al inexperto” (Salmo 19:7). Además, cuando seguimos la dirección que nos da la Biblia, tenemos una conciencia limpia y la satisfacción de saber que estamos agradando a Jehová (1 Timoteo 1:18, 19). Finalmente, si dejamos que los dichos de Dios nos guíen de día en día, él nos premiará con la mayor bendición de todas: la vida eterna (Juan 17:3).

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