Dejar ir

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DEJO IR, Y ABRO EL CAMINO PARA UN BIEN NUEVO Y ABUNDANTE.

Cuando limpio mi armario, me deshago de cosas materiales que ya no necesito. Del mismo modo, practico el dejar ir ideas o hábitos que ya no me son útiles. Puede que hayan sido importantes en un tiempo, pero mi filosofía ha evolucionado. Tal vez he crecido espiritualmente más allá de una idea o inclinación que ya no sustenta mi alma.

En la práctica del dejar ir, hago un inventario de lo que tengo, creo y necesito. Dejo ir los pensamientos y hábitos que no apoyan mi mayor bien y, al hacerlo, fomento mi crecimiento. Al afirmar dejo ir y dejo a Dios actuar, me siento liberado. Ya no me siento atado a nada. Este acto de entrega abre el camino para las bendiciones abundantes. Dejo ir, dejo a Dios obrar en mí y por medio de mí.

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