De donde Dios te sacó

De donde Dios te sacó

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Saúl fue ungido rey por el profeta, y proclamado por el pueblo, pero no fue confirmado por Dios, por su desobediencia. Saúl desobedeció, porque menospreciaba al profeta. La gente desobedece porque no confía. El proceso de la obediencia es: Crees, confías y obedeces. Ni al enemigo le importa si tú crees o no; la Biblia dice que aún los demonios creen y tiemblan. El mundo lo que quiere es hacerte perder tu confianza, para que desobedezcas. Y llegas a este punto, cuando pierdes de vista el lugar de donde Dios te sacó.

En 1 Samuel 15, Dios da unas instrucciones a Saúl, a través del profeta: Derrotar y destruir a los amalecitas. Pero Saúl tomó botín, usando de excusa la presión del pueblo y que iba a ofrendar. Nunca espiritualices tu desobediencia. Decir que no diezmas, pero das a los pobres, es vestir de nobleza tu desobediencia. Es noble dar a los pobres, pero eso es después de diezmar, porque tu obediencia está en diezmar y luego dar a los pobres. Pero el que no quiere diezmar porque perdió la confianza en la institución que el hombre representa, viste de nobleza su desobediencia, porque sabe que tiene que dar; pero sigue siendo desobediencia.

Samuel había estado batallando con Dios acerca de Saúl, y la respuesta de Dios fue: ¿Vas a seguir batallando por alguien que ya yo deseché? De la misma manera, hay gente que, por más que tú ores por ellos, no van a cambiar; tienes que dejarlos ir. Hay gente muy competente, pero con mala actitud; y los dejas entrar a tu vida, pensando que tú puedes cambiar su actitud. Rodéate de gente con la actitud correcta, porque esa es la gente que el Espíritu Santo puede usar y transformar. Al que cree saberlo todo, no se le puede enseñar nada; pero, el que tiene la actitud correcta, es porque sabe de dónde Dios lo sacó. Y esto era algo que Saúl no entendía.

“ Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel? Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes. ¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová?” 1 Samuel 15:17-19

En estos versos, el profeta Samuel le recuerda a Saúl: Cuando tú eras nadie, Dios te escogió, y mira donde te ha puesto. Quizás todavía tú no estás donde quieres, pero puedes estar seguro que estás mejor que donde estabas. Quizás no tienes todo lo que quieres, pero tienes más de lo que mereces. Quizás no tienes todo lo que deseas, pero sí todo lo que necesitas. Mira hasta dónde Dios te ha traído. Pero nos olvidamos; olvidamos a quienes Dios usó para llevarte a donde estás, y los menospreciamos, y no entendemos de dónde Dios nos sacó. Y uno de los problemas más grandes que tenemos es olvidar que Dios nos llamó, cuando éramos nadie, y puso gente en nuestro camino que nos abrió puertas.

Quizás no tienes todo lo que quieres, pero tienes más de lo que te mereces. Quizás no has alcanzado todo lo que quisieras alcanzar, pero vas en camino a alcanzar la perfección de Dios en tu vida. Quizás hay cosas que quisieras haber alcanzado, y todavía no lo has hecho, pero tienes más de lo que jamás habías podido imaginar. Antes no daban nada por ti, decían que tú no lo podías hacer, que no lo podías alcanzar, pero Dios te sacó de ese lugar, y solo a Él debes obedecer al 100%, porque fue Él quien te sacó.

El Problema de Saúl fue que desobedeció, y lo hizo porque pensó que las cosas le iban a llegar comoquiera. Pero, en esta vida, no hay casualidades. Las cosas no te llegan comoquiera; las cosas te llegan porque Dios planifica que te lleguen. Aun cuando la gente comete errores en tu contra, el Dios al que tú le sirves es capaz de tornar todo eso en bendición, y tu mayor problema se puede convertir en tu mayor testimonio.

Si miras bien tu vida, verás que es imposible que tú hubieras planificado que ocurriera todo lo que ha tenido que acontecer para abrirte las puertas que el Señor te ha abierto. Todos los contactos, las conexiones, los momentos divinos, las puertas, los lugares, todo lo que parecía que no pasaría, solo Dios en su infinita providencia podía hacer que todo eso obrara para bien. La pregunta es: ¿Por qué no vas a obedecer al Dios que, cuando tú mismo no pensabas que podías ser alguien, creyó en ti? ¿Te vas a creer más de lo que eres?

Nunca podrás manifestar el poder de Dios en tu vida, mientras te olvides de quién fue el que te llevó al lugar donde tú estás. Y ese fue el problema de Saúl; menospreció a Samuel, porque ahora Samuel era el profeta, mientras que él era el rey. Nunca menosprecies la gente que otros menosprecian, pero que Dios los puso en tu camino para abrirte puertas que otros te cerraron; porque, cuando ni Saúl mismo veía nada en él, Samuel estaba orando para que Saúl permaneciera ahí. Y qué triste es que menospreciemos a la gente que está orando para que Dios no nos saque. Nos olvidamos de la gente que Dios usa para desatar en nuestra vida los nuevos destinos.

Si tú quieres que el poder de Dios se manifieste en tu vida, reconoce siempre de dónde Dios te sacó. Da gracias a Dios porque, aunque no estás donde quieres, no podrías estar donde estás, si su mano no te hubiera guardado.

Fuente:

Pastor Otoniel Font

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