Cuando Dios está en casa grandes cosas suceden

Cuando Dios está en casa grandes cosas suceden

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2ª Reyes 4:8-35 | 2ª Reyes 4:9-11 y 27-31 La Biblia relata la historia de una mujer adinerada que vivía en Sunem, una ciudad que se encontraba entre samaria y el Monte Carmelo, justo por el camino, camino que siempre era recorrido por el profeta Eliseo. Esta mujer siempre veía pasar a Eliseo cerca de su casa y veía que Eliseo era alguien especial y diferente a los demás, por lo cual ella, cada vez que Eliseo pasaba por su casa lo invitaba a comer, hasta que un día esta mujer le dijo a su esposo: Mira, yo se que este hombre Eliseo, el que siempre pasa por aquí y que come con nosotros, es alguien especial y lleno de Dios; pues cuando está con nosotros yo puedo sentir su paz. Como vez si le construimos una recamara para que se quede a descansar con nosotros cada vez que venga, a lo cual el esposo accedió; y Eliseo cada vez que pasaba por Sunem comía y descansaba con ellos en su casa.

Esta mujer a pesar de tener tanto dinero y de ser muy hospitalaria, y se alegraba cada vez que el profeta llegaba a su casa, su alegría y su gozo no estaba completo pues en su corazón había un hueco sin llenar, y este era que no tenía hijos y su esposo ya era viejo.

Ella hacia todo lo que podía para que Eliseo siempre estuviera cómodo y lo hacia sin obtener nada a cambio. Pero Dios que todo lo ve, no se dio por mal pagado, por lo que la mujer para su siervo.

Y un buen día Eliseo le dice a la sunamita que Dios le iba a cumplir el deseo de su corazón y que le iba a dar un hijo, pero la mujer a pesar de que toda su vida deseo tener un hijo, lo dudo y le dijo a Eliseo que no se burlara de ella, pues su esposo ya era viejo. Pero lo que la mujer no sabía era lo siguiente: Que lo que para ella era imposible, para Dios era posible; y Dios cumplió su palabra y la mujer dio a luz a su hijo; este creció y un día enfermo y murió en sus brazos, entonces ella lloro amargamente por su hijo y hasta se enojo, porque sintió que Dios se había burlado de ella.

Pero ella no se quedo llorando en su casa, sino que recordó que Eliseo estaba lleno de Dios, por lo cual ella deja a su hijo en el lugar que había preparado para Eliseo, y corrió al Carmelo en donde se encontraba el profeta, pues ella sabía que allí en el monte se encontraba la solución a su problema, pues el Carmelo es el lugar de la provino de Dios.

Ella llegó a donde Eliseo y lo primero que hizo fue reclamarle (y esto no porque no creyera en Dios, pues si no hubiera creído jamás hubiera ido en buscadle profeta, más claramente en busca de Dios). Pero ella no se conformo con el que Eliseo mandara a su asistente, sino que se aferro a Eliseo y le dijo: Si usted no va conmigo (en otras palabras lo que le dijo fue: Si Dios no va a mi casa), yo no me volveré para ver a mi hijo muerto y a llorar; quiero que su presencia este conmigo, y Eliseo después de ver la determinación de la mujer se fue con ella y Dios (dejemos claro que el que resucito al niño fue Dios, a través de Eliseo) resucito al niño y ella da gracias y vuelve a sonreír.

Enseñanza de la Mujer Sunamita para nosotros hoy en día.

A diario necesitamos un milagro o un mover especial de Dios en nuestro hogar, nuestra salud, nuestras finanzas, en los matrimonios y en nuestras ciudades.

Debemos de entender al igual que la Sunamita que la solución a nuestra necesidad, a nuestros problemas no se encuentran sobre nuestras rodillas, esto quiere decir en nuestras fuerzas; hay que corres a la habitación del profeta, hay que tocar insistentemente la puerta de la Habitación de Dios y aferrarnos a el hasta que el milagro ocurra.

Corre a la habitación en donde está la cama, la mesa, la silla y la lámpara, y busca la presencia de Dios allí.

La sunamita corrió a la habitación del profeta y al ver la cama.- Recordó que podía descansar en las manos de Dios, renunciando a sus fuerzas. Mateo 11:28

La mesa. Le recordó que en la presencia de Dios, hay gozo a pesar de las pruebas. Salmo 16:11 

Fuente:

pastor Armando Cruz Rodríguez

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